junio 13, 2021

Pluma Patriótica

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martes, 28 enero, 2020

De rojos, azules y verdes: dos miradas de la sustentabilidad (parte II)

Los seres humanos, a pesar de compartir los mismos genes, somos dados a marcar las diferencias, quizá para buscar más las semejanzas con los más parecidos en un sentido de pertenencia, apropiación del entorno, arraigo territorial y de seguridad. Así, nos distinguimos por el idioma, la cultura, la religión, la riqueza, el género, la capacidad económica, el color de la piel, o entre “migrantes y no migrantes”, y muchas otras razones más. En ese sentido, en la jerga política de los siglos XVII, XVIII y parte del XIX el mundo político se dividía entre conservadores y liberales. Ser conservador es quien prefiere el status quo —y en general lo sostienen aquellos beneficiados de la desigualdad económica. También se asocia a aquellos que prefieren la moral religiosa sobre la ética y la razón. Por el contrario, los liberales son aquellos que buscan el cambio de las condiciones sociales, económicas y políticas imperantes, son agnósticos o al menos la religiosidad no les es imperativa.

En materia ambiental, los conservadores son aquellos convencidos de que la naturaleza debe conservar su condición prístina lo más posible. Dedicarse a la conservación es dedicarse al cuidado de la naturaleza, inclusive por encima de la alimentación de sus pobladores humanos; en el extremo están los que consideran al humano un depredador nato que hay que mantener alejado de los espacios naturales conservados lo más posible, tanto como sostener “islas de conservación en océanos de deterioro”. En la cromática política estos son hoy los azules o verdes azulados. A pesar de ello, muchas veces se asocian a las economías capitalistas que maximizan sus ganancias con una política “minera” de extracción inmisericorde de recursos naturales hasta su agotamiento, al extremo de poner en riesgo los propios recursos y a sus habitantes, humanos o no.

Pero ejemplos como los desastres de Chernóbil en la antigua Unión Soviética o la destrucción asociada a la construcción de presas como la de Tres Gargantas en China, cambiaron para siempre el crisol político, nuestra mirada e inclusive nuestra brújula para los que nos dedicamos a la política ambiental, de izquierdas y derechas. Hoy el problema es más complejo: el capitalismo salvaje que degrada la biodiversidad, o por el contrario un socialismo de Estado que, en aras de un supuesto desarrollo, depreda los recursos naturales por una mayor distribución de la riqueza, corren casi por vías paralelas. Un pensamiento moral, ético y de bien común sobre el beneficio individual debe prevalecer en la toma de decisiones públicas.

En esta corriente (de azul a verde) están representadas empresas trasnacionales, algunas familiares y sus herederos, que crean o financian organizaciones de la sociedad civil y así intentan lavar su conciencia —y de paso hacer negocios. Venden “un mundo verde” y consiguen incorporar una visión “ecologista” en sus ganancias; buscan el respaldo de organizaciones internacionales, se premian entre ellos y gastan millones en eventos suntuosos para vendernos una idea que lucra con los esfuerzos de empresas colectivas campesinas. Sé que esta aseveración puede sonar fuerte y claro que puede ser injusta, habrá excepciones y tampoco iré en contra de que la Cocacola produzca envases reciclados, pero el cinismo extremo de estos antes depredadores es que ahora son los líderes ambientales en contra de los megaproyectos de la cuarta transformación del actual gobierno y se rasgan las vestiduras ante tales “desfiguros” del gobierno federal.

Así como los conservadores de doble moral (que están en contra del aborto y a favor de la pena de muerte), los liberales de nuevo cuño deben considerar la variable de la sostenibilidad ambiental del desarrollo en la toma de decisiones de las obras públicas, el beneficio público debe ser de largo plazo y perdurable, social y ambiental económica y culturalmente. Como diría el presidente López Obrador, “que la sola comparación ofenda.”

Pedro Álvarez Icaza. Experto en política ambiental y en gestión
y manejo de recursos de cooperación multilateral internacional.
Forma parte del programa de líderes ambientales de El Colegio de México.

@alvarezicazapc

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