Recientemente, en una reunión informal con personas de mi generación (60 años), surgió el tema de los programas sociales de la Cuarta Transformación, la mayoría concordó en lo benéficos que son, sólo cuando se trató sobre la Pensión para el Bienestar de las mujeres, los hombres presentes se inconformaron, apuntando que era una “discriminación al revés”, que ellos también merecían apoyo desde los 60 y no 65 años, y algunos comentarios similares, por lo que considero importante reflexionar sobre los motivos de esta política pública.
Las mujeres vivimos más, de acuerdo al informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (DESA) “World Population Ageing 2019”, mundialmente la esperanza de vida al nacer de las mujeres supera a la de los hombres en 4,8 años y, en algunas regiones del mundo, puede llegar a superar los 6 años, por lo que en edades avanzadas el porcentaje de mujeres es mayor que el de los hombres y, por ello, hablamos también de feminización del envejecimiento, vivimos más, pero no siempre en buenas condiciones, no solamente hablamos de los años de trabajo de cuidados no remunerado durante casi toda la vida , además las mujeres mayores asumimos múltiples tareas de cuidados no remunerados, en el campo cultivando alimentos para el consumo familiar, trabajando en proyectos comunitarios y en el campo las ciudades asumiendo trabajos informales con los que se contribuyen a la economía familiar.
Cuando hablamos de mujeres hay que retomar el enfoque de la interseccionalidad, que nos ayuda a analizar la realidad teniendo en cuenta los factores que influyen en la vida y en el pleno disfrute de los derechos de las mujeres, tales como origen cultural, clase social, nivel educativo, entre otros, que pueden aumentar el impacto de la discriminación a la que nos enfrentamos las mujeres, por lo tanto podemos entender también cómo el envejecimiento, así como todo el ciclo vital, se encuentra condicionado por el género y otras categorías que pueden ser motivo de discriminación en nuestra sociedad, especialmente las mujeres mayores somos invisibilizadas en diferentes ámbitos, (en los medios de comunicación, en estudios, datos y estadísticas) y en algunos, como en el ámbito privado, desvalorizadas.
Así que la Pensión Bienestar Mujeres, apenas retribuye un poco de lo que las mujeres hemos dado a las familias y a la sociedad, con el trabajo de cuidados aportamos (de acuerdo al INEGI) el 26.3% del PIB, además de que durante años las mujeres hemos vivido en dependencia y violencia económica, sin tomar decisiones sobre la economía familiar, dejando al último nuestras necesidades, aún las más básicas, lo que tiene como sustento una visión cultural muy arraigada de la “abnegación de las madres mexicanas” con lo anterior queda claro (espero) que la Pensión del Bienestar para las mujeres, es un programa que en primera instancia, reconoce esas desigualdades entre hombres y mujeres, y así podemos considerar el trabajo invisible, sin paga, que las mujeres realizamos, (justo la discusión ahora está en mejorar los sistemas de atención y cuidados), y en segunda instancia es una retribución a el desgaste, físico, emocional e intelectual, de mantener una sociedad en marcha.



