Pluma Patriótica

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Primarias abiertas

Creo que podríamos llegar a un consenso sobre que los partidos políticos no son la cosa más bella que existe en este mundo, sobre todo cuando estas instituciones se convierten en un fin en sí mismo, y dejan de ser instrumentos al servicio de las mayorías. Sin embargo, hasta este momento, no existe otra forma más eficiente y directa para acceder al poder y cambiar la realidad de las personas.

Por ese mal necesario hemos constituido un partido político que alcanzo el Poder Ejecutivo Federal en 2018 y que se ha consolidado como la primera fuerza del país. El sexenio de Andrés Manuel Lopez Obrador está en la mitad y, poco a poco, se oyen pasos en la azotea para lo comúnmente se llama la sucesión presidencial (aunque en lo personal me parece todavía precipitado). Todo este proceso requerirá de la mayor de las sabidurías, ya que en buena parte en ello estará el futuro de nuestro Movimiento.

Para esto, no habrá quien no compare con las diferentes sucesiones presidenciales que han existido a lo largo de la historia política de nuestro país. Mucho se habla dentro de los círculos obradoristas de una semejanza con la sucesión del General Lázaro Cárdenas, en donde se presentaba el radical Francisco J. Múgica y el moderado Manuel Ávila Camacho. Primero, porque fue en ese periodo histórico en donde se concretó las demandas de la etapa revolucionaria, de lo que podríamos llamar como la Tercera Transformación y, segundo, porque ante un desgaste sobre sectores como las clases medias (que veían con cierta preocupación las reformas sociales como un coqueteo con el comunismo soviético) se necesitaba seguir consolidando la coalición de clases que había hecho fuerte en ese entonces al Partido de la Revolución Mexicana.

Estas comparaciones se asemejan al aspirante y hoy Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Sin embargo, hay algo que dentro de esa comparación histórica que dejamos pasar.

Francisco J. Múgica, el candidato radical del cardenismo, recorrió todos los rincones del país con los sectores obreros y campesinos demandando una elección interna democrática para la selección del candidato junto con un debate de programa entre los aspirantes. Hoy me parece que debemos escuchar a la historia, pero no por partes, sino completa.

Me parece que en este momento el único de los aspirantes que ha tenido una idea parecida a la de Francisco J. Múgica es Ricardo Monreal. Replicar estas ideas a nuestro tiempo no es otra cosa más que la realización de primarias abiertas y no son ocurrencias en ninguna democracia consolidada. Al contrario, va en concordancia con la filosofía de nuestro Movimiento este tipo de ejercicio. Que sea todo el Pueblo de México quien elija al siguiente candidato y podamos demostrarle a la retrograda oposición que no somos el partido de Estado que ellos dicen que somos.

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