Pluma Patriótica

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Pulso mediático y política

Pulso mediático y política

El mundo de los medios de comunicación y el oficio de la política demandan ritmos distintos y cada vez lo parece menos. El paso de los años ha generalizado la tentación de delimitar el marco de la acción política a la guerra de encabezados, declaraciones y formas de las redes sociales: nos hemos vuelto adictos al compás que nos ofrece el combate político en tiempo real en espacios como Twitter.

Más allá de las virtudes que pueda tener el modelo en términos de democratización de la discusión política ‒si esto fuera así‒, vale la pena detenernos en las implicaciones que tiene para aquellas y aquellos que se animan a participar políticamente. 

Tejer voluntades colectivas es un proceso particularmente lento, que implica empaparse del contexto de quién se pretende interpelar, construir un puente de reciprocidad y asumir la responsabilidad de dar la cara por cada movimiento. Esto jamás satisfará la enorme demanda de posturas, declaraciones e información de las que se alimentan las redes sociales.

Entonces, si las opiniones y contenidos que leemos diario no son fruto de la metabolización política de demandas sociales y actores organizados, ¿qué clase de contenido circula? Normalmente, solo aquellos enmarcados de noticias que proponen lobbys y grupos de interés con influencia en círculos mediáticos y una cascada de posturas de actores sin la más mínima vida orgánica o compromiso con sus comunidades.

El problema no es la existencia misma de esos ecos de discusión, sino que dichos círculos pretenden arrastrar la acción del resto de actores que participan activamente en política. Así como nos propusimos separar el poder político del poder económico, habremos de reclamar la autonomía de la política sobre el poder mediático.  

No es sano pretender agotar nuestra participación a tomar postura sobre todos los temas, todo el tiempo y lo más rápido posible. Eso empuja a desconectarnos del ritmo de los acontecimientos sociales, que normalmente siguen un pulso más lento y silencioso. 

La praxis transformadora es aquella capaz de recoger esos problemas del mundo real en su justo tiempo y dimensión, procesarlos políticamente y devolver alternativas dignificadoras para las mayorías. Hay que aprender a cabalgar el pulso mediático sin desdibujar la política.

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