Que migre la dignidad

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Que migre la dignidad

Por Camila Martínez | miércoles, 13 de enero del 2021.

El año que se esfumó nos dejó a su paso uno de los contextos más difíciles que han vivido los países en los últimos cien años. Por supuesto, para naciones donde la pandemia de covid-19 llegó a posarse en una estructura de servicios gubernamentales construida de palillitos de mondadientes, la certidumbre resultó aún más endeble. Más que esto, como siempre sucede en el neoliberalismo, en medio de la adversidad, no a todos nos impactó igual.

La pandemia ha traído consigo una crisis económica mundial, donde se han perdido millones de empleos. Los primeros que sufrieron los estragos económicos fueron los migrantes, quienes dependen de los trabajos informales. A pesar del cierre de las fronteras que se ha establecido en diversos países, esto no los detiene, pues son más apremiantes la desesperación y la búsqueda de aguantar la situación que están viviendo. Al mismo tiempo, durante la pandemia la población migrante fue víctima del grave problema de racismo y clasismo que se ha agravado con el paso de los meses. 

Hace unos días, visité la capital del estado de Sonora, el estado fronterizo donde los altos Saguaros se erigen entre las inclemencias de los climas extremos al tiempo que protagonizan los paisajes de cerros desérticos cuyas faldas se unen a los mares helados. La belleza natural del estado es indiscutible no obstante el abandono de sus carreteras, sus servicios públicos y aún más grave, el tema de esta columna: el abandono de la población migrante que cruza por Sonora. 

A través de Hermosillo corren las vías de La Bestia, el tren migrante que transporta desde el sur de México a miles de migrantes provenientes de países como el Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Costa Rica; pero Sonora también es uno de los estados donde se concentran las mayores cantidades de migración infantil del país. A través de sus recorridos por esta entidad, los migrantes se enfrentan a las inclemencias de caminar por el desierto, están expuestos a ser víctimas de traficantes de personas o de la extorsión de la policía del gobierno del estado. 

La madrugada en que inició el 2021, mientras muchos de nosotros acariciábamos la falsa idea de que con la campanadas y las uvas diríamos adiós a lo sucedido en 2020, bajo los puentes de Hermosillo se acurrucaban decenas de migrantes en situación de calle. Sin comida y sin albergues que los protegieran de la inclemencia de la helada de madrugada, se acurrucaron muy cerca unos de otros, quizá para darse calor y sin detenerse a preguntarse por el coronavirus o los contagios. 

Debería ser un imperativo humanitario y logístico de los gobiernos atender a la población migrante, porque los contagios de covid-19 no piden pasaporte y estas personas pueden transmitir el virus a cualquier otra que esté en contacto con ellos. Pero, sobre todo, porque no es posible que se les niegue la atención a la salud, como si por ser migrantes dejaran de ser exactamente iguales a nosotros: humanos, con dignidad incuestionable. 

¿Pero qué atención va a tener la gobernadora de Sonora con la salud de los migrantes? Si su administración no ha podido siquiera terminar el hospital de la capital que hace meses debió abrir sus puertas; ¿qué va a hacer Claudia Pavlovich si tiene un estado rebasado de deuda -el segundo a nivel nacional, solo detrás de Nuevo León- que se ha negado a asumir los mínimos principios de austeridad y ha seguido despilfarrando dinero del erario? No va a hacer nada por la población migrante, simplemente porque no le interesa. 
 
Con covid-19, también se ha agudizado la xenofobia a nivel internacional. Hace apenas unos días el gobernador republicano de Nebraska, en un acto de discriminación inhumana, hizo pública su decisión de excluir a los migrantes del programa de vacunación del estado, dejando su atención a la salud a la deriva. Afortunadamente nuestro país actuó rápido: el Presidente hizo público su reclamo y nuestro gobierno le hizo llegar una carta a Pete Ricketts. 

Al mismo tiempo, López Obrador rectificó que en México la vacuna será aplicada de manera gratuita a toda la población, incluidos nuestras hermanas y nuestros hermanos migrantes y aseguró que nuestros compatriotas que vivan en Estados Unidos a quienes les sea negado el acceso al fármaco, también tendrán garantizadas sus dosis por este gobierno. Este es uno de esos momentos de quiebre; en medio de la pandemia, decisiones como esta hacen la diferencia entre la política de miseria y la política para la humanidad. La historia nos juzgará. 

Por Camila Martínez | miércoles, 13 de enero del 2021.

Camila Martínez

Estudiante de Comunicación Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Tiene estudios en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Fue integrante del Primer Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México.

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