Pluma Patriótica

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¿Quién manda hoy?

La revisión semanal sobre la actuación de los medios que propuso el Presidente López Obrador alentó un acalorado debate sobre el papel del periodismo y la libertad de expresión. Sigue en el tintero la idea de que el papel del periodista es el de “incomodar al poder”, entendiéndolo exclusivamente como el que ejercen las autoridades públicas y, en particular, el Gobierno Federal.

Esta cantaleta es reproducida principalmente por una generación de comunicadores formados en la segunda mitad del siglo XX, en los tiempos de plenitud del presidencialismo y la violencia política del autoritarismo priista. Mediante relaciones de complicidad con los dueños de los principales medios de comunicación, el Estado mexicano conducía la opinión pública. La Secretaría de Gobernación ejercía filtro, premio y censura; a punta de recompensa y castigo, se predefinían editoriales y se descartaban temas peligrosos. Salir de esa disciplina se pagaba con la vida.

Lo que es absurdo es trasladar ese marco de análisis a pleno 2021. En tiempos del capitalismo financiero y la intensa integración global que favorece el internet, los Estados nacionales perdieron la capacidad de gestionar el día a día de la prensa. Basta echar un vistazo a la composición del New York Times, que se financia con las acciones de decenas de conglomerados empresariales y cotiza en Wall Street. A pesar de tener su sede de operaciones en Estados Unidos, “opina” y editorializa sobre asuntos de todo el planeta. Los medios pasaron de representar negocios familiares y de grupo a representar amalgamas de intereses económicos cada vez más complejos.

En consecuencia, cuando los comunicadores dominantes en el mercado insisten en “incomodar al poder” tiene sentido llamar a pensar quién manda en nuestros tiempos. ¿Quién está transparentando la participación de los grandes intereses económicos en las editoriales de los principales medios del mundo?

Lo que propuso el Presidente va precisamente en la dirección de abrir la discusión sobre el papel de estos grandes intereses en los contenidos informativos que consumimos a diario. Los medios dominantes del mercado nacional reaccionaron denunciando persecución, importando un marco oxidado y un paquete ahistórico de consignas. ¿Será costumbre, comodidad o complicidad?

No olvidemos distinguir a estos grandes medios y sus comunicadores de los periodistas de convicción que investigan a pie de campo y son amenazados por caciques locales. Para ellos, todo nuestro respeto.

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