Pluma Patriótica

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Radicalidad

La gala en la que Alexandria Ocasio-Cortés portó un vestido con la leyenda “Tax the rich” produjo un interesante debate sobre la radicalidad de la propuesta. Tenemos que partir de aceptar que hay pocas organizaciones políticas menos sexys que el Partido Demócrata de Estados Unidos; históricamente ha representado el progresismo más light, con pírricas reivindicaciones liberales a cambio de dirigentes que se mimetizan con la derecha estadounidense más recalcitrante cuando se trata de definir su política económica o internacional.

Dicho esto, preocupa que la discusión se centre sobre las aristas de una radicalidad meramente enunciativa e identitaria. No faltó quien aprovechó la oportunidad para distanciarse de AOC y sus (infumables) admiradores, reivindicándose promotor de la revolución obrera y de la vía armada a la dictadura del proletariado.

El problema no son los contenidos de sus reivindicaciones, sino que se den en el absoluto vacío organizativo. Quien invoca radicalidad sin un horizonte concreto de práctica política, más que querer presentar una alternativa real al descafeinado reformismo gringo, pretende una diferenciación narcisista para adscribirse a una identidad política moralmente superior.

Frente a eso, debemos comenzar a reivindicar una radicalidad de la práctica. No hay nada más profundamente transformador que cambiarle la vida cotidiana a gente concreta. No hay duda de que es mucho más radical darle dos horas más de tiempo libre a los trabajadores con la obra del Cablebús, o la maquinaria de empleo que representa el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro, que cualquier círculo de estudios sobre algún famoso revolucionario europeo del siglo XX.

Se puede discutir sobre los pendientes programáticos del movimiento de la transformación, pero siempre en el marco de la organización y la militancia. Los grandes revolucionarios de la historia eran auténticos maestros de la pedagogía política. En vez de fabricar identidades estériles y excluyentes, se mimetizaron con las grandes pasiones y dolores de sus pueblos dirigiéndolas a cambiar el rumbo de sus destinos. La revolución es de quien la trabaja.

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