Todo y toda mexicana debemos sentir orgullo por pertenecer a este país, y por ende, hacer eco de lo aportado por Bibiana Castillo Torres: “cuando el aprendizaje y la interiorización de los valores patrios se hace desde edades tempranas, el respeto por el país y por todo lo que concierne a los conceptos ciudadanos se manifiesta con mayor sensibilidad y conciencia, generando, en la edad adulta, una participación más significativa en el ámbito social y cultural del país”; existen elementos que nos identifican, hermanan, fortalecen y dan sentido: los símbolos patrios. A lo largo de nuestra historia ha quedado demostrado que crean un sentido de pertenencia y ayudan a la consolidación de nuestra identidad. Algunas características como la permanencia, estabilidad e intangibilidad permiten que las generaciones de mexicanos y mexicanas nos identifiquemos con cada uno de estos símbolos, estableciéndoles como un factor de cohesión social y orgullo.
Los símbolos patrios en nuestro país —la bandera, el escudo y el himno nacional— tienen su origen en el periodo independentista y fueron modificados constantemente hasta finales del siglo XX. En lo que se refiere al Himno Nacional, entre los años 1853 y 1854 se llevaron a cabo dos concursos, uno de ellos para componerlo y otro para la musicalización de éste. El ganador de la composición musical fue el español Jaime Nunó (1824-1908). La letra fue escrita por Francisco González Bocanegra (1824-1861) poeta y dramaturgo mexicano. La primera vez que se entonó fue el 15 de septiembre de 1854 en el Teatro Santa Anna, que después cambió su nombre por Teatro Nacional. En cuanto al escudo, la primera vez que se grabó el águila sobre un nopal fue en el escudo de armas de la Ciudad de México, que fue establecido por el rey Carlos V. En 1823, Agustín de Iturbide estableció el primer decreto para colocar un águila coronada en la bandera mexicana, pero un año después, en la Constitución de 1824 se publicó el grabado hecho por José Mariano Torreblanca, el águila la puso de frente y con las alas extendidas. Hacia 1917 y cuando Venustiano Carranza fue presidente, el águila se plasmó de perfil. La representación del escudo contiene la fundación de la Ciudad México-Tenochtitlán, donde se observa el perfil izquierdo de un águila real, la garra izquierda está apoyada de un nopal, el cual está sumergido en una peña que emerge un lago. En la garra derecha y apoyándose del pico sujeta una serpiente. En la parte inferior hay una rama de encino y otra de laurel, las cuales están unidas por un listón tricolor. El Escudo se puede ocupar en documentos, monedas, medallas, así como en sellos oficiales, que deben ir acompañadas de las palabras “Estados Unidos Mexicanos”. En 1968, Pedro Moctezuma Díaz Infante y Francisco Eppens Helguera diseñaron el actual Escudo Nacional.
En cuanto a nuestra bandera nacional, la secretaría de gobernación establece que: “… sintetiza la esencia de México, su diversidad, su cultura, su historia y su gente. Al defenderla, los mexicanos custodiamos y salvaguardamos los principios y valores que representa: libertad, justicia e igualdad”. Existe una Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, que se ha compuesto de 60 artículos con siete capítulos, así como de uno especial que habla sobre la letra y música del Himno Nacional. Por todo ello, cobra relevancia la reciente modificación de dicha normativa, a fin de reconocer a mujeres que han destacado en diversas etapas de la historia del país, desde la lucha por la independencia, reforma, revolución, literatura, la batalla por la igualdad de género y la defensa de los derechos humanos. Se trata de una iniciativa de la Presidenta Claudia Sheinbaum, que fue avalada sin cambios, estableciendo ampliar el calendario cívico nacional con la incorporación de 24 mujeres, desde la reina maya Tzak-bü Ajaw, una gobernante mixteca, la escritora y poeta Sor Juana Inés de la Cruz, entre algunas otras, y se trata no sólo de visibilizar, sino de revindicar el fundamental papel de las mexicanas en la edificación de México.
Como mexicana, me enorgullece esta reforma, ya que como lo subrayaron nuestras senadoras: “Sin mujeres no hay historia; sin mujeres, no hay democracia y sin mujeres no hay transformación”, y así como lo plasmó Catalina Pastrana —gran poetisa originaria de Iguala, Guerrero— es inmensa la grandeza de nuestros símbolos patrios: “Amada bandera de mi patria, me ensancho en el orgullo que mi pecho siente, ¡de que todo este valle sea tu casa, y de que toda mi gente, sea tu gente!”.



