Pluma Patriótica

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Regreso, rezago y pandemia

Antes de dar inicio al tema del texto quisiera dejar en claro que está columna no es, de ninguna manera, una defensa de la apertura de escuelas cuando varias ciudades del país están en semáforo rojo —eso es un tema sumamente delicado—.  Quisiera, más bien, enfocarme a comentar sobre asuntos que me son más afines y que poco se han llevado a la discusión pública.

En el debate alrededor del regreso a clases presenciales, el centro de la discusión lo ocupan la letalidad y mortalidad del virus SARS-COV-2 en niñas y niños, así como las condiciones de los planteles escolares. No obstante, apenas hace pocos días, el Coneval publicó las cifras de deserción escolar, que son relevantes en nivel básico y medio superior; por su parte, el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, dio a conocer las desgarradoras cifras referentes a la depresión en niñas, niños y adolescentes, así como las de violencia, suicidio y embarazos en esos mismos grupos.

Según los números del subsecretario, este año en México alrededor de 3 millones de niñas, niños y jóvenes no se inscribieron al nuevo ciclo escolar por causas relacionadas con covid-19; se registró el máximo histórico de violencia hacia niñas y niños —violencia que sucedió en su gran mayoría dentro de los hogares y fue ejercida por un familiar— y también hubo aumento en el número de suicidios infantiles. Sí bien todos estos problemas ya existían antes de la pandemia, no se puede negar que el confinamiento los agravó.

Por otro lado, hubo un aumento en el rezago educativo, y la encabezan los estados de Chiapas, Oaxaca y Michoacán. No se puede ignorar que esto traerá consecuencias futuras, en específico en el aumento de la desigualdad. Mientras hay sectores en los que las y los estudiantes tienen acceso a distintos medios para tomar sus clases y recibir la atención necesaria en sus hogares, el rezago educativo se está presentando en entidades de escasos recursos, lo cual profundizará las ya de por sí marcadas brechas de desigualdad. Un año más sin clases presenciales revertirá cada vez más los pequeños avances. No olvidemos que la educación es uno de los más importantes factores que contribuyen a la movilidad social.

La realidad que reflejan los datos es lamentable y no podemos estar ciegos ante ello; aunque no sea la realidad de nuestro entorno inmediato, sí es la que viven millones, a pesar de que no los veamos y nos sintamos ajenos.

Por el bien de millones de niñas, niños y adolescentes lo idóneo sería abrir las escuelas. Aunque sabemos que no son ni deben de funcionar como guarderías, son el segundo hogar; se necesita un regreso escalonado, organizado, con todos los cuidados posibles, porque todo pinta a que tendremos que aprender a vivir al filo, intentando llevar la vida de la manera más normal que podamos. Abrir escuelas también significa poner en movimiento a un sinfín de sectores más que aumentan el flujo de personas.

Sostengo que, sin duda, estamos ante una encrucijada.

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