Ciudad de México a 11 diciembre, 2025, 19: 27 hora del centro.
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Renovar la democracia

postal PP horizontal Areli Luyando

En un momento decisivo para México, nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto sobre la mesa una propuesta de reforma electoral que tiene el potencial de transformar no sólo los procesos de votación, sino la forma en que los ciudadanos se sienten representados. No es una idea nueva, pero sí es urgente. Renovar la democracia es más que una frase: es construir instituciones más eficientes, más transparentes y más conectadas con la gente. Esta reforma, si se hace con responsabilidad, puede marcar un antes y un después.

Una de las primeras afirmaciones de la presidenta ha sido clara: el Instituto Nacional Electoral (INE) se mantendrá como organismo autónomo. Esto es importante para quienes temen una concentración de poder. La Presidenta ha dicho que lo que busca es reducir el gasto electoral, optimizar procesos, hacer más limpia la organización de elecciones, sin que esto signifique perder independencia.

Entre las ventajas que se han señalado, destaca la reducción de costos. México, con elecciones federales, locales, intermedias, entre consultas populares y el sostenimiento institucional del INE tiene una distribución significativa. Si esta reforma logra racionalizar el presupuesto, simplificar procedimientos por ejemplo, revisar la representación proporcional que son las famosas “listas plurinominales”, el país podría destinar esos recursos a lo que realmente importa: salud, educación, infraestructura, bienestar.

Otro punto que nuestra Presidenta ha subrayado es el aumento de la eficiencia. Propuesta de digitalizar trámites electorales, eliminar rigideces innecesarias, diseñar mecanismos que permitan mayor claridad, menores tiempos de espera y mayor confianza ciudadana. Cuando la gente participa en elecciones donde siente que su voto cuenta, que el proceso no se enreda en burocracias, se fortalece la adhesión democrática.

Además, esta reforma puede abrir espacios para una participación más amplia. Al reducir barreras, al hacer más accesible la política, al ajustar reglas para que quienes hoy aun no estamos del todo representados como somos los jóvenes, mujeres y comunidades marginadas, veamos una salida para ser escuchados, para ser candidatos, para formar parte real del cambio. Esa es la promesa más poderosa: hacer la democracia más inclusiva.

Ahora bien, ninguna reforma es perfecta, y hay aspectos que requieren atención. Uno de los puntos más debatidos es cómo se ajuste el sistema de representación proporcional. Las listas plurinominales dan voz a partidos con fuerza significativa pero no necesariamente territorial. Eliminarlas o modificarlas podría afectar la pluralidad política. Quienes defienden estas listas advierten que sin ellas, partidos pequeños o con representación distribuida podrían desaparecer o perder presencia legislativa importante.

También hay inquietud acerca de cómo se llevará a cabo este cambio. La legitimidad del proceso es fundamental: debe haber diálogo abierto, participación ciudadana, transparencia en los foros de consulta. Si los ciudadanos perciben que los ajustes se hacen de forma unilateral, sin escuchar voces diversas, podrían sentirse excluidos, lo que abriría espacio a la desconfianza.

Otro riesgo es que, en el afán de reducir costos, se recorten detalles vitales de operación: fiscalización, vigilancia de medios, capacitación de funcionarios electorales, imparcialidad en la asignación de recursos, entre otros. Una reforma bien intencionada podría fallar si no cuida esos detalles de fondo. Además, los cambios no deberían aplicarse a las elecciones intermedias sin asegurar su operatividad completa. Esta reforma no será para las elecciones intermedias de 2027.  Eso da margen para prepararse con cuidado, pero también exige responsabilidad.

¿Quién revisará y votará esta reforma? Según lo anunciado, la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral presentará un plan de trabajo, habrá foros de consulta y se prevé que la propuesta vaya al Senado para su discusión, y después a la Cámara de Diputados.  Será un proceso legislativo que necesita acuerdos, consensos, y un trabajo conjunto entre diversos actores políticos y los ciudadanos.

Para el Pueblo, esta reforma representa una oportunidad. No es algo que “le compete” sólo a los políticos. Cada voto, cada voz importan. Porque cuando las reglas electorales son justas, la democracia florece. Cuando hay participación y transparencia, se construye confianza. Y cuando hay confianza, se fortalece la nación.

México necesita reformas, pero más que eso, necesita que las reformas sean justas, participativas y fortalecidas por la ciudadanía. Renovar la democracia es tarea de todos. Si esta reforma electoral logra mejorar el sistema, hacer elecciones más claras, más representativas y más económicas, ganamos todos. Este momento puede ser una de esas oportunidades históricas en que el Pueblo vea frutos reales de su participación.

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