Repensar el Estado

compartir

Repensar el Estado

Por Sofía Lameiro | lunes, 29 de junio del 2020.

“Otra cosa es volver a formular la relación entre la vida y la ley sobre la base de la experiencia de los subordinados, los menos favorecidos, los desposeídos, los silenciados: en otras palabras, para crear una jurisprudencia del cambio.”  Catherine MacKinnon 

 

En las últimas semanas hemos tenido un debate público sobre las instituciones, la administración pública y su funcionamiento en general. Poco se ha entendido de las implicaciones que tiene el aparato del Estado en la vida de las personas y de cómo hay una diversidad de modelos institucionales que le pueden dar vida (para bien).

Durante el periodo neoliberal, la administración pública federal funcionó de una manera. Fue parte de una tradición en la que se creía que ciertas instituciones, organismos y demás darían mayor amplitud en los derechos o la garantía de los mismos para la vida democrática del país.

No es ningún secreto que mucho de lo que se pretendía con estas instituciones no funcionó. Hay causas diversas en el diagnóstico, pero un hilo conductor en ellas corresponde a la falta de voluntad política de las autoridades que manejaron dichas instituciones o a la corrupción que se permitió en ellas. 

También hay una cuestión fundamental en esta discusión: muchas de las causas de la creación de estas instituciones y demás aparatos burocráticos, tienen que ver con que durante mucho tiempo se pervirtió el uso del Estado para el beneficio de unos cuantos; es decir, ante la creciente necesidad popular de más democracia, en vez de cuestionar quiénes dirigían al Estado, a quienes beneficiaba, por qué, y el proyecto político que había detrás, el debate se tornó en cuestionar si su estructura y su andamiaje eran correctos. 

Actualmente, funciona cierta interpretación del funcionamiento del aparato burocrático del Estado, la cual no es la misma que la de Cuarta Transformación o de los objetivos de la misma. Con esto me refiero a que en el Estado neoliberal funcionaba en la lógica neoliberal. En un momento de transformación que pretende acabar con esta lógica, es claro que se debe replantear si el gobierno y toda su estructura son funcionales, evidentemente con el objetivo de mejorarlas con base en un proyecto de país que fue votado y aprobado democráticamente. 

Para algunos sectores del viejo régimen, esto significa un “atentado contra la democracia”; para el sector mayoritario del país, que necesita del Estado para mejorar sus condiciones de vida, significa que por primera vez el Estado se ponga al servicio de las y los olvidados. 

Tenemos que plantear que el Estado, como lo conocemos, funciona con base en ciertas estructuras de poder, mismas que en México eran funcionales para ciertos sectores de la población. Así se interpretó el aparato de gobierno. Con algunas presiones de las luchas populares, avanzó en ciertos sentidos para democratizarlo, pero no podemos decir que hayan sido sustanciales, pues la vida de la gente más desprotegida no se benefició. 

Se evidencia esta falla ante las muchas instituciones que fueron creadas sin la profundidad o los mecanismos suficientes para atender los problemas de la vida democrática del país. Algunas no han evolucionado, otras simplemente se quedaron inútiles, otras han sido corrompidas y algunas se han vuelto refugios de algunos sectores que buscan mantener el viejo régimen.

Para sintetizar, debemos entender que la propuesta de la Cuarta Transformación es justamente lo que MacKinnon establece respecto a la relación entre la vida y la ley: hacer del Estado un aparato burocrático al servicio de la gente, con base en sus experiencias de vida, definiendo que la relación entre Estado y pueblo sea diferente, que funcione para no dejar a nadie atrás, tal como se ha establecido en los objetivos de la 4T. 

Repensar la administración pública  es uno de los debates más profundos en estos tiempos de transformación. Hay ejemplos claros y positivos de esta puesta en marcha, como lo es la reestructuración en la Secretaría de Bienestar –que cambió todo su organigrama interno para adaptar la estructura de los Servidores de la Nación y los Centros Integradores, que buscan hacer más cercana y efectiva una de las instituciones focales del gobierno, el objetivo primordial de acercar el gobierno a la gente.

Siempre que se hace una propuesta de reestructuración administrativa se debe analizar el objetivo de dicho proyecto de gobierno y la voluntad política de quienes encabezan sus estructuras. Al final del día, pensar en un Estado que pueda funcionar para la gente es uno de los objetivos del proyecto de la Cuarta Transformación. Mejorar sus instituciones y su burocracia implica cambiar lo que por años no funcionó, y justamente no dignifica renunciar a los derechos y obligaciones del Estado mismo. 

Por Sofía Lameiro | lunes, 29 de junio del 2020.

Sofía Lameiro

Licenciada en Ciencias Políticas y Gestión Pública por la Universidad de Guadalajara. Militante de Morena, participó en la organización de la estructura de defensa del voto, colaboró en la Red por la Paridad y la Igualdad en Jalisco y ahora es Servidora de la Nación en Guadalajara.

Ver todas sus columnas

Comentarios