En México, la democracia no puede seguir siendo un terreno fértil para la simulación y el privilegio de unos cuantos. El viejo régimen dejó sembradas prácticas que, a pesar de los avances en nuestra vida democrática, todavía hoy lastiman la representación política. Uno de esos mecanismos, que en su origen fue pensado para ampliar la pluralidad, terminó siendo secuestrado por las cúpulas, la representación proporcional.
Cuando en 1977 se incorporaron las diputaciones y senadurías plurinominales, el país vivía bajo el peso de un sistema autoritario que no permitía a las minorías acceder al Congreso. Fue una conquista democrática, y un paso fundamental para abrir la puerta a la pluralidad y a la representación de todas las voces. Sin embargo, con el paso de los años, lo que nació como una herramienta para incluir se convirtió en un espacio para reciclar a políticos sin mérito, sin territorio y sin compromiso con el Pueblo.
La historia es conocida: en lugar de premiar el trabajo en el distrito, los partidos del viejo régimen, e incluso sus nuevos aliados disfrazados de ‘‘ciudadanos’’ han utilizado las listas plurinominales como botín político. Ahí colocan a sus operadores y figuras que, por su desgaste o por sus malos antecedentes, no se atreverían a someterse al voto popular. El resultado es un Congreso con representantes que no han tocado una sola puerta, que no saben lo que es recorrer una comunidad, y que no sienten la responsabilidad de rendirle cuentas a la gente que dicen representar.
Pero la Cuarta Transformación ha demostrado que el poder no es un privilegio, sino una gran responsabilidad, un mandato popular. Hoy, con la llegada de Pablo Gómez como nuevo titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, se abre un nuevo capítulo para nuestro sistema electoral.
El presidente Andrés Manuel López Obrador fue claro en su momento, la democracia debe ser auténtica, y para ello es indispensable erradicar cualquier resquicio del viejo régimen. Por eso, los foros de consulta que coordinará Pablo Gómez no serán una formalidad, serán un ejercicio vivo y abierto en el que participarán políticos, especialistas, las y los consejeros del INE, representantes de pueblos originarios y organizaciones de la sociedad civil. La reforma electoral será discutida con el Pueblo, no por las elites.
Entre las propuestas que empiezan a discutirse, destaca una que particularmente considero que merece la atención, el modelo de “Lista B”, actualmente utilizado en la Ciudad de México. Este mecanismo no elimina la representación proporcional, pero la dignifica, toda vez que, en lugar de entregar curules a quienes negocian o compran un lugar en las listas, se otorgan a las candidaturas que, sin haber ganado su distrito, obtuvieron el mayor porcentaje de votos para su partido.
La diferencia es profunda. Bajo este sistema, los plurinominales serían verdaderos representantes de la ciudadanía, no productos de acuerdos cupulares. Ganarían quienes realmente dieron la cara ante la gente, caminaron sus colonias, debatieron, escucharon y construyeron confianza. Con ello, se acabaría el “turismo político” de personajes que brincan de cargo en cargo sin haber pisado jamás el territorio que dicen representar.
Este cambio no es sólo técnico, es profundamente político y ético. Significa romper con una cultura política que privilegia la lealtad a un grupo por encima del servicio a la comunidad. Significa devolverle a la ciudadanía la certeza de que su representante, aunque no haya ganado el distrito, fue respaldado por miles de personas y no por el dedo de un dirigente.
En la Cuarta Transformación entendemos que las reglas de la democracia deben evolucionar junto con las exigencias del Pueblo. No se trata de mantener mecanismos por inercia, sino de actualizarlos para que respondan a su propósito original.
Representar no es repartir privilegios, es servir, es escuchar y es trabajar por la dignidad del Pueblo. Esta reforma no es un capricho ni un ajuste técnico, es un paso más en el camino de devolverle el poder al verdadero soberano, las personas. La Cuarta Transformación ha demostrado que la política puede ser diferente, y esta reforma electoral será la prueba de que la democracia en México no solo resiste, sino que se fortalece cuando se gobierna para todos y no para unos cuantos.



