Pluma Patriótica

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Saltillo ya no es el mismo: ganaremos tarde o temprano

«Siempre pensé cuán triste sería ser el último soldado que en el último segundo de la guerra lo alcanzara la última bala en el corazón. Pero alguien tiene que ser el último. Y si supiera que puedo serlo yo, ahora mismo iría”

Julius Fucik

Saltillo es mi ciudad natal. Nací y crecí en casa de mi abuelo materno, con mi familia, en el centro de la capital de Coahuila; toda mi vida estudié en escuelas públicas, quiero mucho a mi ciudad y sobre todo a su gente.

Para nadie es un secreto que Saltillo tiene fama de ser una ciudad muy priista y lo podemos ver en los números: en 2018, a pesar de la ola de votos por Morena y López Obrador, el PRI se impuso en la elección de la alcaldía y ganó los dos distritos federales (4 y 7). En esta ocasión, el resultado de la alcaldía y los distritos fueron los mismos, pero hubo algunas diferencias.

El movimiento obradorista ha crecido de manera sostenida en la ciudad. Aún recuerdo que, en 2008, cuando empezábamos a recorrer casa por casa y colonia por colonia para entregar información sobre nuestro movimiento (una excelente minihistorieta sobre la pretendida privatización del petróleo, elaborada por El Fisgón), hubo un número alto de colonias en las que literalmente éramos corridos y humillados por las lideresas… Sobre todo lo contrasto con lo que pasó en Loma Linda, una colonia popular. Hace 13 años, como parte de ese brigadeo, llegamos a dicha colonia que está al oriente de la ciudad y una lideresa, de manera tosca y agresiva, se interpuso en nuestro camino y empezó a golpear un poste de luz y a pisotear la calle mientras gritaba: «¡De qué chingados nos sirve un pinche periódico! ¡El profe Moreira nos trajo luz y pavimento, sáquense a la chingada de aquí!». Ahora, en la campaña que acaba de concluir, pude constatar las continuidades y los cambios que 13 años después se dejan ver. Resulta que nos topamos ahora no con una, sino con muchas, pues estaban en “reunión de lideresas”, y salió una de ellas a decirnos, amablemente, que nos fuéramos porque en esa colonia: “…todos somos priistas, ni pierdan su tiempo”. Acto seguido, en la casa de al lado, nos pidieron que colocáramos una lona de Morena —ante la indignación de la “lideresa suprema” — y seguimos tocando puertas en la colonia. En dos horas y media pudimos colocar 124 lonas, un récord para nuestra pequeña brigada: un recibimiento extraordinario.

Y sí, Saltillo sigue dándole buenos resultados al PRI: es casi ya su principal (y único) bastión nacional. Sin embargo, no podemos normalizar el cochinero electoral que practican en nuestra querida ciudad las autoridades locales, el uso descarado de programas estatales y municipales con fines electorales (despensas, empleo temporal, burócratas, policías), la obscena y permanente campaña de desprestigio contra Morena en casi todos los medios de comunicación y el grotesco uso del sindicalismo charro del sector industrial (a muchos obreros les obligaron a votar por el PRI y, a cambio, el híper corrupto Tereso Medina líder vitalicio de la CTM en Coahuila será diputado plurinominal); a pesar de esa estructura inmensa de compra y coacción del voto, al PRI Coahuila no le alcanzaba para derrotar a Morena esta vez.

No obstante, pasó lo impensable hace apenas unos años. Antes de la aparición en escena de Morena, el PAN era el partido opositor al PRI (¡incluso en 2017 el PRI le robo la gubernatura al PAN!) y su gran fuerza se ubicaba en la zona norte de la ciudad, donde viven las clases medias y altas de Saltillo. A su vez, había una enorme rivalidad a nivel de colonias, con un desprecio activo de la base panista al corporativismo, compra de votos y tráfico de la pobreza que realizaba el PRI. Pues bien, en esta ocasión, los panistas decidieron votar contra Morena y a favor del PRI. Se diciplinaron y realizaron un “voto útil” ideológico que llevó al PAN a perder más de 40 mil votos y permitieron al PRI —solo en esas secciones del norte— obtener más de 20 mil votos de diferencia con Morena; esto, junto a la compra y coacción del voto en sectores populares, configuró una victoria más del priismo en la ciudad.

Es, desde luego, un nuevo escenario político en la ciudad y en el país: es posible que la oposición de derecha se termine unificando formalmente (o de facto) y que ya no existan “elecciones a tercios”, en donde para lograr triunfos populares será indispensable movilizar a al menos el 50% de los votantes.

Los avances son importantes: sin dinero, sin acceso equitativo a medios, con una campaña permanente contra Morena, sin utilizar programas sociales o estructuras gubernamentales, pudimos ganar en amplios sectores históricamente priistas, como Mirasierra, Saltillo 2000, Universidad Pueblo, Isabel Amalia, Toreo, San Ángel, etc. En el caso del distrito 4, donde fui candidato, fueron 61,437 votos de consciencia por la transformación, algo histórico pues fue una votación un poco mayor a la que se obtuvo en 2018, a pesar del menor porcentaje de votación.

¿Qué nos faltó?

  1. Morena se enfrascó en una disputa interna absurda por más de dos años, lo que dificultó la organización de comités en barrios y en colonias. El movimiento rebasó al partido, en todas las colonias nos reprochaban que no habíamos ido antes y la ausencia del partido, si bien tuvimos muy buena votación en sectores populares, pudimos haber sacado mucho mayor ventaja con organización, para contrarrestar la movilización que sí logró la derecha
  2. A nivel nacional, nos falta mejorar la comunicación con las clases medias, que puedan entender a qué nos referimos con el lema de “por el bien de todos, primero los pobres” y, sobre todo, generar mecanismos de combate a los cientos de fake news que aparecen en los medios masivos de comunicación todos los días y que encuentran ahí a su principal audiencia. No puede estar todo en manos del Presidente.

Estamos a tiempo de generar la organización necesaria para dejar de ser la retaguardia política a nivel nacional. El PRI ya solo gobierna en 4 estados: en 2022 perderán Oaxaca e Hidalgo, y en 2023 nos toca a nosotros y a los mexiquenses dar el último golpe al priismo y a sus prácticas cochinas y fraudulentas. Por eso hoy más que nunca necesitamos a Morena unida y trabajando para rescatar Coahuila en 2023.

Recordemos siempre que quien se aflige se afloja y que no se puede vencer a quien nunca deja de luchar.

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