Pluma Patriótica

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Burocracia feminicida

Entre diciembre de 2018 y marzo de 2019 se hicieron públicas decenas de testimonios de intentos de levantamiento de mujeres en los alrededores de los centros de transporte colectivo de la Ciudad de México. De la mínima información que se tiene con respecto a este pico de testimonios, resaltan los de mujeres que intentaron denunciar ante las instancias correspondientes y se enfrentaron con revictimización, desdén y disuasión.

La semana pasada, el caso de una mujer de 31 años desaparecida por más de 10 horas, quien al percatarse de que estaba siendo secuestrada saltó de un taxi en movimiento, expuso nuevamente la urgencia de medidas y acciones para combatir la epidemia de violencia feminicida en la Ciudad de México.

Las alertas de violencia de género son un mecanismo que pretende disminuir la violencia feminicida: aquella que las mujeres sufren por el simple hecho de ser mujeres. En México existen 13 estados que mantienen una alerta de violencia de género vigente, nueve más tienen sus procedimientos en trámite, y en siete se han negado las peticiones. Esto quiere decir que de 32 entidades federativas en México, 29 han recurrido a demandas de alerta de violencia de género. La Ciudad de México está en procedimiento para activar la suya.

Pero, a pesar de las ya activas alertas de violencia de género, las cifras de violencia contra las mujeres no han bajado durante años. Existen decenas de dependencias e instituciones que tienen como objetivos la procuración de justicia, dar respuesta a emergencias y brindar apoyo físico, económico y emocional, que simplemente no funcionan.

La corrupción y el desdén caracterizan las estrategias de reacción y acción para combatir la violencia de género en nuestro país. El presupuesto gubernamental destinado a políticas públicas contra la violencia hacia las mujeres sigue disminuyendo, los albergues para mujeres perdieron presupuesto y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) perdió casi 30 por ciento de su presupuesto en comparación con 2018.

El diseño de políticas públicas para combatir la violencia de género debe ser integral, con visión inmediata pero también a mediano y largo plazo, la burocracia permite que el sistema sangre mientras pone curitas en fracturas, realizando campañas de comunicación inservibles.

Existen casos exitosos en el mundo para reducir la violencia feminicida, la policía de proximidad es una de ellas, los registros con geolocalización de taxis, transporte concesionado y transporte por aplicaciones móviles son otro.

Sin embargo ninguna de estas estrategias y políticas funcionarán sin la voluntad política de la clase gobernante. Bajo este entendido, las vidas de las mujeres dependen, literalmente, de personas que estén dispuestas a pagar el coste político que implica mejorar los mecanismos de denuncia, lo cual inevitablemente subirá las cifras de la violencia; además de incrementar recursos a las estrategias de prevención, fiscalización y reducción de corrupción, capacitación masiva de servidores públicos, educación integral, aplicación de medidas ya existentes, como el manejo de denuncias de desaparición de mujeres con perspectiva de género desde el momento de la denuncia, junto con procesos de restauración y justicia.

Sandra Barrón. Activista y feminista radical, maestra en diseño estratégico
en innovación por la Universidad Iberoamericana.

@feministsan

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