Pluma Patriótica

Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
IMG-20210729-WA0016

Ser joven en tiempos de covid-19 y de vacunas

Si bien la vacuna ya llevaba varias semanas siendo aplicada en los estados de la frontera a jóvenes de entre 18 y 29 años, apenas llegó el turno de quienes vivimos en la Ciudad de México y el área metropolitana —principalmente la primera—. Después de ver a nuestros y nuestras abuelas, a nuestros padres y a otros familiares vacunarse, al fin llegó el momento de ser inmunizados nosotros mismos. Las precauciones y los cuidados no deben disminuir, pero definitivamente podemos sentirnos más tranquilos. De hecho, más que poder, tenemos el derecho a hacerlo después de tanta incertidumbre.

¿Y qué podemos esperar las y los jóvenes de la vacunación en la Ciudad de México? Antes que nada, como ya se mencionó, una tranquilidad bien merecida, ya que podemos tener una certeza casi absoluta de que, en caso de contraer el virus, no caeremos en ninguna complicación (ni nosotros ni nuestros parientes). También podemos estar seguros de que hay un esquema completo de vacunación reservado para nosotros y que este nos será aplicado con la excelente y ya característica organización del gobierno de la Ciudad.

Videos comienzan a salir a relucir de jóvenes que con un risueño temor esperan que la o el enfermero les aplique la vacuna, de otros varios cantando y bailando al ritmo de Rauw Alejandro y Karol G, o de canciones más desgarradoras como ‘Sálvame’ de RBD. También hay fotos de personas fotografiándose y subiendo con alegría sus capturas en la fila de vacunación. Aunque habrá quien piense que estas son cosas innecesarias o absurdas, la verdad es que ver a la población divirtiéndose y compartiendo sus experiencias son evidencias de que, con todo y las complicaciones que sin duda todos hemos enfrentado —unos más que otros—, sí hay algo por lo cual entusiasmarse, una esperanza cada vez más tácita.

Es importante que todos los jóvenes acudamos a recibir nuestra dosis, no importa si nos tocó Sputnik-V, AstraZeneca, Pfizer, Cansino, o cualquier otra. Al final de cuentas, la mejor vacuna no es la que nos digan nuestros conocidos o la que veamos en redes, sino la que nos toque. Es prioritario tomar la que tengamos la oportunidad de recibir y no confiarnos por el hecho de ser jóvenes, cada vez hay más estudios que confirman que, aunque nuestra edad evite muchas veces que caigamos en un estado de enorme gravedad, en definitiva tenemos otro tipo de complicaciones y secuelas, tales como caídas cognitivas en expacientes con covid-19. Así lo señala el artículo científico Cognitive deficits in people who have recovered from covid, publicado en The Lancet.

Ya sea con inmensa dicha —como seguramente lo hace la mayoría de la gente— o con cierto pesar por distintos motivos o creencias —los menos, seguramente—, salgamos a vacunarnos. Hagámoslo porque al vacunarnos no lo hacemos solo por nosotros, lo hacemos también por los demás. Tomemos con seriedad el complicado momento histórico que nos tocó vivir y actuemos en consecuencia. No caigamos en campañas de mentiras en contra de ninguna vacuna y menos propaguemos información supuestamente científica sin estar seguros de su veracidad, nadie está para poner en riesgo su vida y la del resto.

Así pues, cantando o amargamente, con nerviosismo o con seguridad, acompañados o en solitario, vamos todas y todos a vacunarnos. Por ti, por mí y por todos.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on telegram
Telegram
Share on whatsapp
WhatsApp

Relacionado