Sheinbaum, dos años

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Sheinbaum, dos años

Por Azul Alzaga | lunes, 21 de septiembre del 2020.

Dos años de gobierno ya son un muy buen tiempo para evaluar, tal vez no el alcance de un proyecto político en el conjunto de sus resultados, pero sí el tesón y la capacidad de dar respuesta a una serie de necesidades convertidas en demandas ciudadanas. 

Desde muchos ángulos, el gobierno de Claudia Sheinbaum se ha revelado como un ejemplo bien plantado de qué es el cumplimiento de la promesa de un proyecto de gestión. Eso que tan frecuentemente se percibe desde el ojo ciudadano como una serie de planteamientos huecos, diseñados para definir la orientación del voto, en el caso de la Ciudad de México de Claudia Sheinbaum han cobrado sentido y forma con un orden extraordinario. 

Claro que habrá quien diga, con razón, que en la capital persisten problemas importantes como: la desigualdad, la corrupción, la inseguridad, distintos tipos de violencias (incluida la que padecemos las mujeres, ¿y dónde no?). Pero el asunto, en cualquier caso, es qué se espera desde la autoridad para hacer frente a semejante reto. En eso ha sido sorprendente la capacidad de este gobierno de articular un plan de acción en torno a prioridades claras, coherentes y alineadas con el planteamiento que originalmente aglutinó el sentido del voto hacia Claudia Sheinbaum. Lo es todavía más si se le ve en contraste con el curso que han tomado en el mismo período otros gobiernos estatales. 

Un hilo conductor que permite hacer esa comparación es la notoria fuerza con que en la Ciudad de México volvió a cobrar sentido el concepto de los derechos ciudadanos. Mientras en otros estados y en la administración anterior de la propia capital estos fueron secuestrados por grupos de interés normalmente coludidos con el gobierno, en los dos últimos años en la Ciudad hemos visto la amplificación de su significado y su aplicación transversal en cada política de gobierno. Empieza con la dignificación del servicio público y su orientación. ¿Para qué se está gobernando? En la lista de motivos del segundo informe, Sheinbaum habla del reconocimiento efectivo del derecho de autodefinirse, expresarse, participar, exigir públicamente y ser escuchado, pero también de una serie de derechos colectivos que hoy se reconocen como humanos, cortando corriente a la tendencia de que estos fueran privados: el derecho a vivir y disfrutar del espacio público, al acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, a la multiplicidad de alternativas para moverse dentro de la ciudad, a un ambiente saludable, a la información, al trabajo digno y a la vida libre de violencia. 

¿Qué hemos visto en los dos últimos años? Más allá de los números que fueron presentados en el informe (que no dejan de sorprender en un escenario donde el país se detuvo, considerando que en la ciudad se destinó una cantidad importantísima de recursos a enfrentarla desde muchos frentes) hemos sido testigos del aterrizaje de acciones muy concretas dirigidas a objetivos alineados con esa lista de derechos reconocidos: el combate a la corrupción y el mal ejercicio público no se ha enfocado únicamente en perseguir delitos de la administración anterior, sino a atajar su prevalencia en esta. Ahí está Jesús Orta para constatarlo; funcionarios coludidos con fraudes inmobiliarios; así como las investigaciones y sanciones a policías abusadores e inhabilitaciones en estos años. Se encuentran también nuevos protocolos de actuación de los que hemos sido testigo. Ese primer elemento en la dirección de este gobierno se ha traducido, por ejemplo, en su respuesta a la libre manifestación. El hecho de que aquí se presente esa cantidad y formas de protesta tiene que ver con la seguridad de que no será reprimida, en un contraste grosero con otras ciudades y estados. Sólo hay que voltear a ver Jalisco, Guanajuato o el Estado de México. Pero también hemos constatado que la demanda ciudadana encuentra cauces de diálogo y de nuevas políticas públicas que responden a estas, a diferencia de otros sitios en donde su criminalización se traduce en la no acción del gobierno para satisfacer demandas. 

Hemos observado, de igual manera, otros ejemplos claros de un ejercicio público basado en la prioridad de restablecer los derechos que fueron enunciados por Sheinbaum: lo hemos visto en la simplificación de una cantidad importante de trámites en la ciudad, el uso de la tecnología como puente de contacto entre el gobierno y las personas (¡el sms!). También se percibe en la reorientación de un proyecto urbano que se encontraba secuestrado por el sector inmobiliario; en la proliferación de alternativas de transporte público, de espacios de traslado en dos ruedas y peatonales; en la recuperación y creación de parques públicos; en el reverdecimiento de la ciudad que se puede disfrutar hasta en el periférico; de la rehabilitación de canales que eran aguas negras, de la construcción de plantas de uso y aprovechamiento de residuos y de una nueva ley de uso de plásticos. Lo vemos en un montón de proyectos productivos y de educación (los Pilares han jugado un rol clave), de escuelas, de nuevos hospitales y del ordenamiento de la atención pública de la salud en la ciudad. No es poco.  

Existe un cambio de fisonomía de esta ciudad y se respiran aires nuevos que vale la pena voltear a ver, porque apuntan a ser un referente para el país que queremos seguir construyendo en el futuro. 
 

Por Azul Alzaga | lunes, 21 de septiembre del 2020.

Azul Alzaga

Politóloga del CIDE con formación esencial del Instituto Escuela del sur. Periodista y maestra de profesión, actualmente ejerciendo en Capital 21 y Milenio. Creo en la responsabilidad compartida para hacer de este un país más justo.

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