Ciudad de México a 25 enero, 2026, 2: 43 hora del centro.
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Siempre al lado de Cuba

postal PP horizontal René Gonzáles

Los días primero de enero están marcados con fuego en la conciencia de Nuestra América. Desde la primera independencia americana de la república que liberó a los esclavos de Haití en 1804 hasta el nuevo amanecer zapatista de 1994 (en que los indígenas de Chiapas reclamaron un lugar digno en esta patria que es México); son fechas que no debemos olvidar desde la lucha social y el corazón de los Pueblos.

Sin embargo, hay otra gesta libertaria que ha seguido siendo minimizada o vituperada por la nueva derecha internacional que mira en el triunfo de la Revolución Cubana: el 1º de enero de 1959, una de las afrentas históricas para los intereses de las élites latinoamericanas (no solo la propia oligarquía cubana que huyó y se afincó en Miami). Baste lo que quedará como mera anécdota de la Ciudad de México, donde un personaje muy menor de la política local cargó sus ánimos de revancha en contra de la izquierda precisamente en contra de las estatuas de los comandantes Ernesto Guevara de la Serna y Fidel Castro Ruz.

Porque, muy a su pesar, las historias de Cuba y México siempre han estado implicadas estrechamente, desde las incursiones de las expediciones invasoras que llegaron desde la isla en el siglo XVI hasta la expedición libertaria del Granma que partió de México un 25 de noviembre de 1956.  Por esa historia compartida, el triunfo de la Revolución Cubana siempre se ha sentido como propio por varias generaciones de mexicanos que han estado dispuestos a movilizarse para apoyar la autodeterminación de las y los cubanos.

Hoy, en medio de un escenario internacional convulsionado por un nuevo auge de las acciones imperiales promovido por los halcones anticubanos que acompañan a Donald Trump, que ya tuvo la madrugada del 3 de enero de este 2026 un primer alarde de prepotencia, ruptura del derecho mundial, y afrenta contra la soberanía de los pueblos, con la invasión a Venezuela; aunado al auge de gobiernos de ultraderecha en América Latina, el descaro de los gobiernos europeos promoviendo abiertamente a una golpista en Venezuela y la abierta militarización del mar Caribe; se vuelve necesario ponernos del lado de los pueblos dignos de Nuestra América que han sabido mantener intacta su dignidad como lo es la heroica Cuba.

A nuestras derechas locales les duele Cuba como ejemplo viviente de la terquedad libertaria que nos enseñó José Martí, mostrando la pequeñez mental de nuestras elites habidas de ser colonizadas como capataces de los pueblos; y cómo muestra palpable que es posible mantenerse fuera de la órbita de Estados Unidos. Por eso todo lo que huela a revolución se termina estigmatizando bajo argumentos infantiles y gritos histéricos que solo intentan ocultar que las desventuras del pueblo cubano se llama Bloqueo Económico  por parte de un poder militar en decadencia, que no deja de ser peligroso para los pueblos.

Refrendar nuestro compromiso con Cuba, desde el gobierno y desde el pueblo de México adquiere este año una nueva dimensión cuando en todo el continente americano y entre los pueblos que en pleno siglo XXI siguen luchando por su liberación, recordaremos los 100 años del comandante Fidel Castro, hermano titán de nuestra historia que supo marcar la conciencia del siglo XX.

Cuba sigue caminado bajo el ejemplo de Fidel y los pueblos tenemos la conciencia que no hay poder tan grande que no pueda ser erosionado por la terquedad de una voluntad de piedra, aquella que subsiste en lo profundo de las generaciones de hermanos cubanos que desde hace 67 años defienden con sacrificios personales y colectivos, las posibilidades de esperanza para los pueblos del mundo, consagrados en una revolución que con todas sus limitaciones, sigue representando alternativas ante los sistemas de dominación basados en la explotación, el despojo, el individualismo, el egoísmo, el clasismo y el racismo, promovidos precisamente por el sector posfascista del gobierno estadounidense.

Porque «Pueblo, que se somete, perece» decía José Martí, ante la nueva escalada del imperialismo reencarnado en Donald Trump, es tiempo de definiciones y no de medias tintas, estar al lado de la Revolución Cubana de 1959 significa brindar todo el apoyo humanitario posible al pueblo cubano ante el cerco criminal yanqui; en el espejo del devenir de un proceso de cambio social construido durante décadas de tesón y esfuerzo sobrehumano debemos mirar la propia concientización que nos corresponde desplegar en tiempos de Transformación, y que nos fortalece para seguir desempeñando con firmeza el papel asumido por nuestra política exterior: el respeto irrestricto de los pueblos del mundo a decidir su destino.

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