Ciudad de México a 5 marzo, 2026, 8: 18 hora del centro.
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Silencio cómplice ante redadas migratorias contra mexicanos

postal PP horizontal Hector Zariñana

En estos días de creciente hostilidad contra nuestros hermanos migrantes en los Estados Unidos, el silencio de muchos sectores de la sociedad mexicana duele tanto como la persecución misma. Mientras Donald Trump y su aparato político ultraderechista impulsan nuevas olas de arrestos masivos, redadas y deportaciones contra personas de origen mexicano y latinoamericano, sorprende y decepciona que actores, actrices, futbolistas y figuras públicas mexicanas no hayan levantado la voz con la contundencia que la dignidad humana exige.

La historia de México está profundamente entrelazada con la migración. Millones de compatriotas cruzaron la frontera norte en busca de trabajo, refugio, oportunidades o simplemente para escapar de condiciones que, durante décadas, fueron consecuencia directa del modelo neoliberal impuesto por los gobiernos conservadores. Esos mexicanos y mexicanas sostienen hoy economías, cuidan ancianos, construyen ciudades y cultivan alimentos en el país más poderoso del mundo. Son, sin exageración, héroes silenciosos. Y sin embargo, cuando se les criminaliza, cuando se les caza como delincuentes por el único “crimen” de soñar con una vida mejor, las voces que deberían acompañarlos se callan.

¿Dónde están los pronunciamientos de la Selección Mexicana de fútbol, que presume ser el “equipo de todos”? ¿Dónde están las figuras mediáticas que se presentan como embajadores de la cultura mexicana, pero que no alzan la voz cuando nuestros hermanos migrantes son tratados como mercancía electoral por Trump y los suyos? ¿Dónde están los “líderes de opinión”, tan diligentes para opinar de la política nacional, pero mudos ante una de las más grandes injusticias que enfrentan nuestros connacionales?

El silencio también es una forma de violencia. Y en este caso, ese silencio se convierte en complicidad. Mientras los medios tradicionales Televisa, TV Azteca, Imagen Televisión, Reforma y El Universal dedican horas y páginas a cubrir chismes, encuestas amañadas y “escándalos” artificiales, no han hecho eco del sufrimiento, del miedo, del acoso institucional que viven nuestros migrantes en Estados Unidos. Su omisión no es casual, responde a una agenda que pone en segundo plano la defensa del pueblo para privilegiar los intereses de las élites que anhelan recuperar los privilegios perdidos.

Este doble discurso se hace más evidente cuando se recuerda cómo estos mismos medios y opinadores se escandalizan ante reformas sociales en México como la democratización del Poder Judicial o el fortalecimiento de los programas sociales, mientras guardan silencio ante la barbarie migratoria promovida por un empresario como Donald Trump que ha intentado insultar, humillar y amenazar a México repetidamente

Más preocupante aún es cómo sectores de la oposición mexicana, aquellos que se presentan como “modernos”, “progresistas” o “demócratas”, han comenzado a coquetear con la idea de una intervención de Estados Unidos en México. No con armas, claro está, pero sí mediante “presiones” diplomáticas, “sanciones” económicas o “observaciones” internacionales que en realidad no buscan salvaguardar derechos humanos, sino frenar el proyecto transformador que ha devuelto la dignidad a millones de mexicanos.

Esa oposición que nunca se indignó por Ayotzinapa, por Acteal, por la corrupción de Odebrecht o por la violencia de Estado, hoy se erige como juez de la democracia mexicana, aplaudiendo cualquier gesto de Washington que ponga en entredicho al actual gobierno. Lo hacen, además, sin ningún pudor, incluso sabiendo que Trump busca desestabilizar gobiernos populares en América Latina, como lo ha hecho históricamente el imperialismo estadounidense.

Como defensores del pueblo y de la dignidad mexicana, exigimos que los actores, actrices, futbolistas, artistas, periodistas y creadores de contenido se pronuncien con claridad y valentía. Que no esperen a que sea trending topic ni a que lo apruebe su manager o publicista. Que hablen desde el corazón, como lo haría cualquier ser humano que no ha olvidado de dónde viene.

En tiempos de persecución, no hay lugar para la indiferencia. Callar ante la injusticia es ponerse del lado del opresor. Y México, que ha resistido invasiones, saqueos y traiciones, no puede darse el lujo de callar ahora que sus hijos e hijas más vulnerables están siendo perseguidos al otro lado de la frontera.

Es momento de hablar. Es momento de actuar. Porque ningún ser humano es ilegal, y ningún mexicano debe ser olvidado.

 

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