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Sinuhé y Palestina: la partitura de la dignidad

Leo Collado-Horizontal

Algo debería hechizar porta-aviones, alguien debiera apretar un botón que reciclara metralla en razones y poderío en conmiseración.”

Silvio lo escribió para Bagdad, pero su eco hoy atraviesa Gaza. Porque allí, entre niños que juegan a la orilla de la muerte y ruinas que sustituyen a las plazas, Palestina sigue zarpando como Simbad sin barco, como Aladino sin lámpara, como Sherezada sin voz. Gaza es la tierra donde las mil y una noches se han convertido en mil y un bombardeos.

Y sin embargo, la historia comienza a afinar otra melodía. Francia, Reino Unido, Canadá y más países se atreven a pronunciar Palestina como Estado. No es una diplomacia de rutina: es un acto de fe en la vida. Reconocer a Palestina es abrir grietas en el muro del silencio, es sembrar justicia en el terreno donde quisieron sembrar olvido.

Alguien debiera hacer estallar el hongo de los derechos civiles” escribió Silvio. Ese hongo (que no mata, sino que salva) es lo que hoy se dibuja en cada firma de reconocimiento. Porque cada país que respalda a Palestina elige la ternura sobre el misil, la memoria sobre la metralla, la humanidad sobre el cálculo geopolítico.

Israel pretende que Gaza sea un desierto de cenizas; los reconocimientos internacionales son la prueba de que Palestina sigue floreciendo. Se equivocan quienes creen que se puede borrar un pueblo con drones: lo que resiste en Gaza no es solo la carne, es la dignidad universal.

Yo lo escribo con la voz quebrada, pero con la certeza intacta: reconocer a Palestina no es un gesto de buena voluntad, es una urgencia moral. Porque no se trata de Oriente ni de Occidente, sino de la humanidad misma. Se trata de decidir si el futuro lo escriben los porta-aviones o los pueblos; si la música será de sirenas o de canciones; si la partitura de la vida será dirigida por misiles o por la fe de quienes todavía creemos que el amor puede ser la política más radical.

Como en Sinuhé, pregunto también: ¿qué tal sigue usted? La respuesta del mundo no puede ser el silencio. Callar sería abrir la puerta a que la injusticia siga su curso. Alzar la voz es detenerla. Hoy es Gaza la que sangra, hoy es Palestina la que sufre. Pero mañana… qué tal, sigue usted.

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