Pluma Patriótica

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Sobre la llamada “marea rosa”

Pareciera que noviembre pintará como el mes más importante para la vida política nacional desde aquel lejano primero de julio de 2018. Después de 4 años caracterizados por la postración y la nimiedad por parte de los dirigentes de la oposición, finalmente lograron movilizar a una parte de la sociedad que se sentía frustrada con el actuar del actual gobierno.

Y es que resulta muy difícil articular una manifestación, ya no se diga, sostener un movimiento contra un presidente que goza de una popularidad que oscila el 65 por ciento de aprobación de su mandato. Más allá del error que resulta la supuesta defensa de una institución tan viciada y sumisa a una élite parasitaria como la que encabeza el INE, la oposición por fin pudo atraer a una ciudadanía crítica al obradorismo.

Con la marcha del pasado 12 de noviembre, Claudio X. González y los dirigentes partidistas finalmente comprendieron que continuar dirigiendo los ataques contra la figura de López Obrador no permitirá ser competitivos en las próximas elecciones. En cambio, lo que la oposición tenía que hacer era apropiarse de la narrativa de la defensa de las instituciones. Al abanderar y hablar por la Democracia y la Justicia mexicana, el discurso se vuelve atractivo para muchos sectores apartidista de nuestra sociedad.

Sí en los próximos días la oposición logra arrebatar las banderas antes mencionadas, estarán frente a la posibilidad de construir una narrativa sumamente atractiva con miras al 24, que apele a todos aquellos desencantados con la Cuarta Transformación, y en especial, con los ciudadanos que en 2018 dieron su voto de confianza a López Obrador y se sienten defraudados por la falta de resultados en materia de impartición de justicia y seguridad.

Noviembre resulta por demás atractivo, pues ante la llamada marea rosa opositora, el presidente López Obrador se ha visto en la necesidad de movilizar a sus seguidores, partidarios y aliados para contrarrestar el envalentonamiento opositor.

Parafraseando lo dicho por el presidente en una de sus recientes mañaneras, tanto él como su partido se han aburguesado; tanto al interior de Morena, como entre varias de sus principales figuras privan aires de triunfalismo y de soberbia. Han sido 4 largos años en los que Morena ha logrado alzarse con numerosas victorias frente a sus rivales, en gran parte debido a la enorme popularidad de López Obrador y del deseo de cambio de la ciudadanía.

Sin embargo, 2021 dejó entrever que cuando existe la división al interior del partido oficial, hasta en los principales bastiones se pueden dar estrepitosas derrotas. La Ciudad de México es el más claro ejemplo de ello. Producto de la soberbia y la cerrazón de la cúpula capitalina, se generó una escisión que arrebató la mitad de la capital y de paso revivió a la oposición para la segunda mitad del sexenio.

Mal haría la mandataria capitalina Claudia Sheinbaum, al sentirse tan segura con la candidatura presidencial morenista, mientras que la oposición y los diversos grupos morenistas lastimados (Monreal et al.)  se reagrupan para arrebatarle el mayor bastión de la izquierda. La llamada marea rosa es una primera señal de alerta que el obradorismo debe tomar con seriedad.

Concluyo diciendo que la diferencia entre un López Obrador y una Claudia Sheinbaum como jefes de gobierno, es que el primero se dedicó a trabajar día y noche por la Ciudad de México haciéndola su principal bastión, mientras que la segunda pasa más tiempo visitando otras ciudades y haciendo campaña para el 2024 mientras pierde las voluntades populares.

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