Pluma Patriótica

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Reyes y reinas de Corea del Centro

Decía Gramsci que “la indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello que no se puede contar. Tuerce programas y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta de la inteligencia”

En el auge del neoliberalismo, en nuestro país triunfó un discurso de neutralidad, uno que desconocía y despreciaba lo público como bien y método de construcción, que rechazaba la toma de posiciones y la catalogaba como extremismo (y, por tanto, una locura), y que negaba la presentación con claridad de principios e ideales, considerándola un embate a las buenas costumbres de convivencia.

En las pasadas elecciones lo vivimos con candidatos que se declaraban independientes, pero no mencionaban su proyecto político concretamente ni mostraban una declaración de posiciones ante temas relevantes para la gente. Actualmente lo vemos con el discurso de alarma de la llamada “polarización”, del rechazo a las categorías sociales que históricamente han existido, y de los reyes y reinas de Corea del Centro, que jamás han tomado partido ni militado por nada.

Han llegado a proliferar personajes que, ante el debate público, posicionan sus opiniones y explicaciones en el llamado “plano objetivo”, ese que creen que es limpio y pulcro, sin la sucia política o la peste de la militancia y el compromiso. Se posicionan en un plano que, pareciera, quieren hacer pasar como superior al de aquellas que decidimos tomar partido ante las diversas situaciones que pasan en el país.

La realidad es que esos personajes no se han dado cuenta de lo poco que aportan al debate público y a explicar la situación actual de sus estados o del país. En la guerra de las ideas y de posiciones deciden estar en el centro, sin trinchera y sin arma, sin elementos ni aporte.

Estas personas y posicionamientos tienen dos razones de ser: la primera tiene que ver con que no tienen elementos suficientes para explicar la realidad o lo que sucede, carecen de marco histórico, teórico y político, y no lograron entender los ideales, motivaciones y principios que determinan los cambios en los tableros político, económico o social.

La segunda es que esas personas sólo militan en sí mismos y en su orgullo. Las causas no les son importantes ni logran explicar por qué pasan unas cosas u otras. No entienden de tomar partido porque la acción de hacerlo significa que a veces uno tendría que navegar ante algunas incongruencias o tendría que comprometerse a cargar la bandera de su militancia.

Cabe resaltar que estos reyes y reinas de Corea del Centro no son iguales a quienes, por desconocimiento, buscan explicaciones y no toman partido. Estos reyes y reinas abusan de sus posiciones de prestigio para no dejar de militar dentro de sí mismos y abusar de una llamada centralidad y objetividad, esa que en su vacío de posicionamiento deja una ventaja al poder.

Lo realmente preocupante es que estas posiciones sigan tomando espacios en el debate; sus posiciones no generan reflexión colectiva ni movimiento social, dejan la indiferencia como práctica política y lo inmóvil como bandera, ante un momento histórico que requiere todo lo contrario para continuar con el ímpetu del tiempo que le acontece.

 

Sofía Lameiro. Licenciada en ciencias políticas y gestión pública
por la Universidad de Guadalajara. Militante de Morena,
participó en la organización de la estructura de defensa del voto,
colaboró en la Red por la Paridad y la Igualdad en el estado de Jalisco
y ahora es Servidora de la Nación en Guadalajara. 

Twitter: @sofianosabia

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