Hace unos días, el presidente municipal de Tlalnepantla, Raciel Pérez Cruz, rindió su informe de gobierno correspondiente a su primer año al frente de la administración. Un ejercicio que no solo sirve para rendir cuentas, sino también para medir el pulso de una ciudad compleja, histórica y estratégica para el Estado de México.
En este primer año, es importante destacar los logros alcanzados en un contexto que no ha sido sencillo. Gobernar Tlalnepantla implica enfrentar rezagos acumulados de los gobiernos del viejo régimen, una alta demanda social y la necesidad de reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones. Aun así, se han sentado bases claras en materia de orden administrativo, atención social y rumbo político.
Uno de los elementos clave de este momento es la coordinación política. Tlalnepantla avanza con una gobernadora y una presidenta de la República del mismo proyecto político, lo que abre una ventana de oportunidad histórica. Esta alineación no es menor: permite gestión más ágil, mayor respaldo institucional y la posibilidad de que los grandes proyectos de transformación aterricen con mayor fuerza en el ámbito municipal.
Un punto que no puede pasar desapercibido es el combate frontal a la corrupción heredada de la administración anterior, encabezada por el expresidente municipal Tony Rodríguez , emanado del PRI. La actual administración ha sido clara: no se pueden permitir ese tipo de atropellos al patrimonio público ni a la confianza ciudadana. En ese sentido, el actuar de Raciel Pérez ha sido firme y congruente, dejando claro que la Transformación también implica poner orden y fin a viejas prácticas.
El llamado segundo piso de la Transformación no se construye solo desde los discursos, sino desde lo local: calles, servicios, seguridad, programas sociales y desarrollo económico. En ese sentido, el gobierno municipal ha mostrado voluntad y dirección. Sin embargo, también es claro que el ritmo debe acelerarse. La ciudadanía espera resultados tangibles, visibles y cotidianos cada vez con más celeridad.
Las cosas van bien, en Tlalnepantla se avanza por buen camino. El reto para Raciel Pérez y su equipo será mantener el rumbo, profundizar los cambios y convertir este primer año de bases en una etapa de consolidación. Tlalnepantla lo necesita y el momento político lo permite.





