“Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos sucesos en la poesía,
quisiera preguntar, me urge:
¿qué tipo de adjetivos se deben usar para hacer el poema de un barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto.”
Silvio Rodríguez, Playa Girón
No queremos ser panfletarios. Ni convertir la crítica en circo ni la lealtad en aplauso. Queremos, más bien, como dice Silvio, buscar las palabras justas para hablar del barco sin volverlo consigna; mirar al movimiento sin caer en la devoción ni en la ingratitud. Porque también nosotros, compañeros de historia, tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad, necesitamos preguntarnos qué fronteras debemos respetar y hasta dónde debemos practicar nuestras verdades.
“Compañeros de música”, dice el maestro Silvio, “¿qué tipo de armonía se debe de usar para hacer la canción de este barco con hombres de poca niñez?” Es decir, ¿en qué tono debemos decir las cosas para que no se debilite el movimiento? Que no se vea como un fuego amigo, sino más bien como la intención genuina de mejorar, de limpiar y de recomponer el rumbo de quienes lo necesitan.
Los últimos días han sido un espejo. La discusión sobre el huachicol fiscal volvió a poner sobre la mesa aquello que nunca debería guardarse en el cajón: la honestidad como principio, no como discurso. Y desde Veracruz, la Presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo con la serenidad de quien sabe que el poder sin ética no es gobierno, sino extravío:
“Lo contrario a la honestidad es la corrupción, la cual debe verse siempre como lo que es: la traición a todos los valores. La corrupción es deslealtad.”
Fue, como diría la imprescindible referente de la opinión política juvenil, Ely Duque, “una cachetada con guante blanco, y que se soben los que se tengan que sobar.” Un mensaje fino y directo, capaz de cerrar más de una boca dentro del movimiento. Porque, otra vez con las palabras de Ely, “mandó recadito a muchos políticos que pensaron que porque ya se había jubilado el expresidente López Obrador, se podían salir del huacal.”
Pero el huacal no es una jaula: es un cauce. Y los cauces existen para que el río no se disperse ni se pudra en los pantanos del ego.
Por eso insistimos: vigilar no es desconfiar. Es cuidar el rumbo, es estar atentos cuando alguien se extravía, no para señalarlo, sino para acompañarlo de vuelta. Porque siempre es más fácil que se pierda uno a que se pierdan todos.
La Presidenta habló de soberanía, pero la soberanía también se defiende desde adentro: con valores en las personas y en las instituciones. Y ahí vuelve Silvio, recordándonos que la historia no la escriben los perfectos, sino los que se atreven a corregirse:
“Compañeros de historia, tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad,
quisiera preguntar; me urge tanto…¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?”
Nuestro movimiento nació del pueblo y no del privilegio; su fuerza está en reconocer cuando flaquea, en limpiarse para seguir. Y sí, tal vez sea hora de hablar menos de victorias y más de virtudes. De honrar a quien construye sin robar y de señalar, con ternura firme, a quien confunde la lealtad con el botín.
La corrupción, como dijo la Presidenta, corroe el alma nacional. Y el alma del movimiento no puede ser excepción.
“Que escriban pues la historia, su historia los hombres del Playa Girón.”
Que la escriban, sí, pero que la escriban limpios. Con manos firmes, sin miedo a la autocrítica. Porque la verdadera victoria no está en ganar elecciones, sino en mantener intacta la dignidad que nos trajo hasta aquí.




