Pluma Patriótica

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Última llamada

La consulta popular es una herramienta que, a pesar de que su propósito y función dentro de la democracia es esencial, ha permanecido toda una vida empolvada en nuestro ordenamiento jurídico. Durante las últimas décadas, la participación del Pueblo nunca fue prioridad para quienes nos gobernaron, ni siquiera en las elecciones presidenciales, pues hoy sabemos que el fraude electoral fue una práctica común en el viejo régimen; es decir, toda vez que la sucesión era pactada, la voluntad del Pueblo no era indispensable para poner a su canidato en Palacio Nacional.

Si esa era la misma historia cada seis años, la misma suerte corría cada tres para elegir a nuestros representantes en la Cámara de Diputados. Es sabido que al candidato que pide nuestro voto para el Congreso, solo se le ve una vez antes de la elección y después desaparece durante los tres años que cobra en San Lázaro y ni qué decir de consultar con la gente de su distrito el sentido de su voto en una discusión en el pleno. Por esto la gente hace mucho perdió la fe en una representación digna.

Con un profundo afán por despolitizar a la gente, estos actores nos acostumbraron a que la política se reservaba exclusivamente al parlamento, a los jueces y a los gabinetes, y en este entendido se permitieron doblegar instituciones y tergiversar la ley para saquear al país y venderlo al mejor postor, todo al amparo del antiguo pacto de impunidad.

Durante los últimos meses, los defensores del prianismo, a través de noticias falsas —su práctica preferida—, intentaron convencer a la gente de no participar con argumentos simplistas y tediosos. Primero afirmaban que la consulta iba a costar mucho dinero, pero el INE se encargó de gastar lo menos posible en organizarla, ni se diga en promoverla —nada comparado con lo que gastan en un año en comidas los señores Lorenzo Córdova y Ciro Murayama—; lo anterior solo terminó por confirmarnos lo escandaloso que es lo que nos cuesta mantener al Instituto. Después, nos dijeron —en la voz de los intelectualoides de siempre— que no participarían porque la pregunta no se entiende;  sin embargo, de acuerdo con la última encuesta de Alejandro Moreno, el 55% de la gente considera que la pregunta se entiende bien, sin mencionar que el 77% afirmó que votaría por el sí.

El pasado seis de junio los corruptos se unieron en sus más profundas fobias. Partidos, sociedad civil y el árbitro electoral se hicieron aliados por su anhelo de regresar al país de la dictadura perfecta, y en estas semanas así lo han hecho para desincentivar la participación por el miedo a que todas sus corruptelas sean investigadas y exhibidas. Ahora nos toca a nosotros aliarnos. Estamos a unas horas y es nuestra última llamada para invitar al Pueblo a participar en el más puro ejercicio democrático que hayamos celebrado como país.

Este domingo tenemos la oportunidad histórica de participar en la primera consulta popular en la historia de México, pero no solo eso: tenemos la oportunidad histórica de decirle a quienes nos malgobernaron que hoy exigimos que nos rindan cuentas por sus decisiones, que exigimos verdad y no verdades históricas prefabricadas, y que exigimos justicia por todos los que hoy ya no están para hacerlo.

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