Por: Javier Muñoz
Proteger lo nuestro con justicia y mayor recaudación*
La política económica de la presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto sobre la mesa una apuesta clara: reindustrializar al país con base en el contenido nacional, impulsar a las pymes y detonar empleo en los Polos de Desarrollo para el Bienestar. En ese contexto, una propuesta tributaria cobra sentido político y social: cambiar la forma en que se cobra el IEPS a las bebidas alcohólicas.
Más allá de un ajuste tributario, la propuesta busca corregir un sesgo que ha beneficiado a las grandes trasnacionales y ha marginado a la producción artesanal y regional, al tiempo que puede convertirse en un motor de recaudación para financiar proyectos estratégicos de desarrollo.
El problema del régimen vigente: un impuesto que castiga lo mexicano
Actualmente, el IEPS a las bebidas alcohólicas se cobra como porcentaje sobre el precio (ad valorem). A primera vista puede sonar lógico: quien vende más caro, paga más. Sin embargo, en la práctica este esquema ha generado distorsiones profundas.
Una cerveza artesanal de 80 pesos paga hasta cinco veces más impuesto que una lager industrial de 20 pesos, aunque ambas tengan el mismo contenido de alcohol. El resultado: se castiga a quien produce calidad en México y se subsidia de facto a las corporaciones que dominan el mercado con productos estandarizados y de bajo costo.
El mercado lo confirma: más del 98% de la cerveza que se consume en México está en manos de dos gigantes extranjeros, lo que deja un margen mínimo a la competencia, limita la innovación y margina a productores locales. Además, el diseño actual facilita prácticas de evasión y contrabando técnico que significan pérdidas fiscales por más de 11 mil millones de pesos al año.
El costo social también es alto: al abaratarse bebidas de alta graduación y bajo precio, el modelo actual estimula el consumo de los productos más dañinos para la salud pública.
La propuesta: migrar a un esquema ad quantum
El planteamiento es sencillo y probado en otras economías: gravar por litro de alcohol puro, no por precio. Con ello se establece un principio de equidad: mismo alcohol, mismo impuesto.
Esto significa que dos bebidas con igual contenido de alcohol pagan la misma carga fiscal, sin importar si cuestan 20 o 100 pesos. Así se eliminan los incentivos que hoy castigan a la producción artesanal, se cierra la puerta a la subvaluación de productos importados y se reduce la brecha de competencia.
Los cálculos muestran que, con una cuota de entre 140 y 155 pesos por litro de alcohol puro, la recaudación podría aumentar entre 7,300 y 16,000 millones de pesos. Este incremento, además, no recaería sobre el consumidor promedio de cerveza, sino sobre las categorías que concentran mayores riesgos de salud y evasión.
Una medida alineada con la agenda de la presidenta Sheinbaum
El cambio tributario no es un fin en sí mismo, sino una palanca para avanzar en los proyectos estratégicos de la Cuarta Transformación bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
- Plan México
El gran proyecto de reindustrialización nacional busca elevar el contenido mexicano en las cadenas de valor y sustituir importaciones estratégicas. Al neutralizar el sesgo fiscal contra productores nacionales de alto valor agregado —como el vino, el mezcal, la cerveza artesanal o el tequila regional—, el nuevo IEPS se convierte en un instrumento directo para impulsar la manufactura nacional y generar encadenamientos productivos con proveedores locales.
- Hecho en México
La campaña que busca fortalecer el consumo interno encuentra en esta reforma un aliado natural. Si lo artesanal y regional deja de estar castigado fiscalmente, tendrá más espacio en el mercado, podrá competir en mejores condiciones y será más atractivo para las compras de gobierno, los supermercados y el sector turístico. El impuesto dejará de ser un obstáculo y pasará a ser un estímulo para lo producido en México.
- Polos de Desarrollo para el Bienestar
El gobierno ha anunciado 15 polos en 14 estados, diseñados para detonar empleo, infraestructura y vivienda alrededor de sectores estratégicos. La industria de bebidas alcohólicas y sus cadenas agrícolas —vid, cebada, agave, caña de azúcar— tienen un lugar natural en esos polos. La recaudación extra del IEPS podría destinarse a infraestructura carretera, centros de innovación, proyectos de economía circular y formación dual de trabajadores, multiplicando el impacto regional.
Más que un impuesto: soberanía, salud y equidad
El debate no debe reducirse a cifras de recaudación. Este nuevo esquema es también una decisión de Estado con sentido social y nacionalista:
- Soberanía económica: menos dependencia de monopolios extranjeros que repatrian utilidades, y más impulso a la reinversión en comunidades productoras mexicanas.
- Salud pública: quien consume más alcohol paga más impuesto, lo que desincentiva el consumo nocivo de bebidas de alta graduación y bajo precio.
- Equidad tributaria: se acaba con un sistema que penaliza la innovación y el esfuerzo de productores nacionales y que premia la producción en masa de bajo costo.
El momento político
El paquete económico de 2026 será el momento natural para discutir esta reforma. Su aprobación enviaría un mensaje claro: la política fiscal y la política industrial del país avanzan en la misma dirección, con coherencia, con sentido social y con visión de futuro.
En términos políticos, la medida también refuerza la narrativa de la Cuarta Transformación: justicia tributaria, apoyo al mercado interno, fortalecimiento de lo nacional y cuidado de la salud pública.
Persistir con el esquema actual significa perpetuar un mercado dominado por trasnacionales, un impuesto que castiga lo hecho en México y un consumo nocivo para la sociedad. Cambiar al modelo ad quantum, en cambio, significa abrir un nuevo capítulo:
- Más ingresos para financiar los proyectos del Plan México.
- Más espacio para lo Hecho en México en los estantes y en las mesas.
- Más empleos y oportunidades en los Polos de Desarrollo.
En suma, un nuevo IEPS al alcohol puede convertirse en una pieza clave del modelo de desarrollo económico de Claudia Sheinbaum, donde la política fiscal ya no es un obstáculo, sino una herramienta para la soberanía, la equidad y el bienestar.
* Una versión más larga de este artículo puede consultarse en https://shorturl.at/T9VBt
Politólogo por el ITAM.




