Ayunos de causas e ideas, la oposición busca cualquier pretexto para intentar sabotear a la Cuarta Transformación.
Hace unos días en el Puente de la Concordia de la Ciudad de México, una pipa de gas volcó provocando un aparatoso accidente que ha dejado al momento de escribir estas líneas, al menos 15 muertos. Hubo muchos actos de heroísmo anónimo, el conductor de una pipa de agua -a riesgo de su propia vida- se aventuró a enfriar el tanque volteado en espera de que llegaran los bomberos. Pasado el peligro inmediato, las personas de los alrededores, en un acto de solidaridad espontaneo, empezaron a llevar agua al lugar de la tragedia. Cubetas, garrafones y cualquier contenedor que pudiera acarrear el vital líquido, ya sea para ofrecer un vaso a quienes apoyaban en las labores, como para limpiar el suelo del líquido derramado por la pipa accidentada.
Minutos después, las personas empezaron a atender a los sobrevivientes. Escenas dantescas de personas con quemaduras llenaron las pantallas de los teléfonos. Antes de que pudieran llegar los servicios de emergencia, transeúntes, comerciantes y habitantes de las colonias aledañas, intentaban confortar con lo que tuvieran a la mano a los sobrevivientes.
Heroína sin capa, una abuela protegió a su nieta con el cuerpo, y caminaba quemada y semidesnuda junto a un oficial de policía honesto, que ya se había vuelto viral años antes al haber devuelto dinero en efectivo a su legítimo dueño.
A los pocos minutos, los servicios de emergencia arribaban a la “zona cero”, elementos de los tres órdenes de gobierno atendían a quién lo necesitara. Médicos y enfermeros que finalizaban su turno, volvieron -literalmente corriendo- a sus puestos de trabajo en espera de la llegada de los heridos. Toda la infraestructura de salud pública abrió sus puertas a los afectados por la tragedia. La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, desde el lugar de los hechos coordinaba los esfuerzos.
Poco tiempo después, las listas de personas hospitalizadas circulaban en medios oficiales. Conductores de aplicación en coche o moto, ofrecían sus servicios gratuitos para llevar a los familiares a los distintos hospitales. Al mismo tiempo, la gente arribaba al sitio con pan, leche, sándwiches, botellas de agua, papel higiénico y todo tipo de despensa para quién lo necesitara.
También, empezaron a llegar muestras de apoyo espiritual: personas con ramos de flores e imágenes de todos los santos y todas las vírgenes empezaron a hacer cadenas de oración. No habían pasado 2 horas del trágico evento y a mis redes sociales llegaban invitaciones para unirme a los rezos que se estaban efectuando en sendos “en vivos”. Toda la ciudadanía consciente apoyaba como podía.
En paralelo, la oposición, siempre carroñera, siempre insignificante y siempre “zopiloteando” las desgracias —las que sean- para culpar al Movimiento de Transformación iniciaron una campaña— no de ayuda o apoyo a los afectados- de desinformación y odio sin igual. Los expertos en pernos, ambientalistas anti tren maya, anti AIFA, pro Trump, pro “tío Richi” y toda la fauna que la acompañan, empezaron una campaña en redes mintiendo -como siempre- sobre las causas del accidente y comenzaron a darle vuelo a un supuesto bache que supuestamente hizo que el conductor perdiera el control de la unidad.
No haré un recuento de las mentiras y falacias que propagaron, sólo mencionaré que fueron esfuerzos patéticos por -una vez más- intentar aprovecharse de una desgracia para intentar llevar “agua a su molino”.
Lo que más me llamó la atención, en medio de la vorágine de desinformación y fake news, fue la intentona de sabotear el Grito de Independencia. Su ardid “México está de luto” y “Que se cancele el Grito” fue su estrategia y su cantaleta a seguir.
Una vez más, se quedaron con un palmo de narices: Al Zócalo capitalino, llegaron casi 300 mil personas para arropar a la Presidenta Claudia Sheinbaum en su arenga nacionalista, soberanista, inclusiva e histórica. Por primera vez en 215 años de vida Independiente, una mujer dirigía el Grito desde el Balcón central de Palacio Nacional.
La fiesta fue extensiva en técnicamente todo el país, con algunas lamentables excepciones.
En solitario, el evasor de impuestos Salinas Pliego hacía el ridículo con un “grito” patético y desangelado, que -supongo- pretende aglutinar a los odiadores de la Transformación en torno a su figura.
En la oposición, siguen dando palos de ciego en contra de una ciudadanía cada vez más libre, consciente e informada y pretenden así, imponer un cratos sin demos.
En México, seguirán sin tener cabida sus intentonas, habida cuenta de que su única propuesta seria es la figura de un evasor de impuestos, intentando aprovechar la desgracia ajena como agenda de gobierno.
Por el bien de la nación, trabajen un programa mínimo de propuestas creíbles, viables y que no tengan en sus cimientos la desgracia de la gente a la cual ustedes no representan.
Dejen de lado sus patéticos esfuerzos por zopilotear desgracias ajenas.
Ya lo dijo el expresidente López Obrador y lo retoma de cuando en cuando la Presidenta Sheinbaum: “México es mucho Pueblo”. Empiecen por entender eso.




