junio 12, 2021

Pluma Patriótica

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jueves, 13 febrero, 2020

Una simple cucharada de miel

México se encuentra entre los primeros cinco productores de miel a nivel mundial y es líder en la producción de miel orgánica. Sin embargo, nuestro consumo per cápita es muy bajo en comparación al de otros países como Alemania, por ejemplo. Somos unos pésimos consumidores de miel: en promedio, cada mexicano toma no más de tres cucharadas de miel por habitante al año. La azúcar refinada y los jarabes agroindustriales son nuestra fuente principal de energía rápida; golosinas y refrescos encabezan la funesta lista.  Aunado a esto, la producción mundial de miel, pero especialmente en México, vive una de sus más graves crisis de las que se tenga memoria pública. En los últimos años el precio promedio internacional de miel bajó de 4.9 a 2.2 dólares por kilogramo debido a la introducción de miel adulterada y artificial de China a los mercados internacionales, principalmente a Europa, Estados Unidos y Japón, sin que, hasta ahora, los tribunales hayan hecho algo por detener esta competencia desleal. 

Los riesgos para las economías campesinas son enormes. Comparto los más importantes que se perderían si se desploma la apicultura. Son riesgos que han pronunciado casi 250 familias de productores de miel orgánica de 10 estados de la República Mexicana: Zacatecas, Aguascalientes, Veracruz, Hidalgo, Puebla, Estado de México, Morelos, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, en una carta dirigida al secretario Víctor Villalobos hace unas cuantas semanas, pero es, en realidad, el reflejo de más de 15 mil organizaciones micro regionales que complementan su economía de esta fantástica actividad apícola de convivencia con abejas y avispas del entorno nacional, además del sureste y norte del país, casi siempre aglutinados en formas colectivas de organización, sobre todo cooperativas:        

1.- La apicultura logra minimizar la migración a los Estados Unidos. Productores con escolaridad primaria o inferior, habitantes de zonas con recursos y oportunidades escasas, adquieren conocimientos y tecnología apropiada, en periodos de larga atención y cuidado que requiere la actividad, se integran en  organizaciones colectivas e impulsan cada vez un sistema orgánico para colocar sus productos a un precio justo, en los mejores mercados del mundo: la Unión Europea, Estados Unidos, los países Árabes, Malasia, Singapur y Japón, ente otros, fortaleciendo así su fuente de ingresos y profesionalizando su actividad.

 2.- La creación de modelos de empresas sociales exitosas y sustentables, que aprovechan los recursos biológicos colectivos (el néctar de las flores silvestres), produce miel para el mercado nacional e internacional, trayendo divisas limpias a nuestro país que los apicultores ocupan directamente en sus localidades. Las economías comunitarias se fortalecen con la diversificación de sus actividades productivas. 

3.- En la cultura ambiental, se cuida y se reproducen las abejas  y avispas de las que depende el 80 % de la alimentación mesoamericana. Las abejas y meliponas (abejas sin aguijón) polinizan miles de hectáreas cada año, mejorando la biodiversidad y el paisaje productivo, se trata, pues, de una filosofía asociada a las acciones colectivas y la economía del bien común. 

4.- En la salud se produce un miel pura y diversificada en sus sabores y consistencia, miel que es un alimento completo, sano y natural. El género de las meliponas (muy conocido por los Mayas) produce el propóleo y mieles auxiliares en múltiples tratamientos médicos, desde artritis hasta infecciones respiratorias.  

Para evitar la pérdida de estas virtudes que la naturaleza nos ofrece se requieren de soluciones innovadoras. Hoy muchas cooperativas están endeudadas. Para poder producir y realizar sus operaciones comerciales, necesitan forzosamente recurrir a créditos con instituciones privadas y públicas. Con esta situación de escasas ventas, precios bajos y tasas de interés elevadas, se encuentran en un círculo perverso que hay que romper.

Adicionalmente, la pérdida de zonas de producción por la aplicación masiva de pesticidas y de agroquímicos tóxicos que contaminan sus zonas de producción orgánica, matan a las abejas, a otros los insectos y además ponen en peligro la salud humana y de los ecosistemas. Es necesario fortalecer una política normativa que obligue a proteger, conservar y mejorar, las zonas apícolas de nuestro país, especialmente para salvar a las zonas de producción de miel orgánica.

Entre las soluciones al alcance está promover el acceso al mercado nacional a través de instituciones gubernamentales, como el DIF, la SEP, las tiendas del ISSSTE, etcétera, con un precio de garantía. Apoyar a las organizaciones de apicultores que tienen capacidad para producir y colocar producto terminado con inocuidad en el mercado nacional para que puedan incorporar a más apicultores y beneficiarlos; seguir impulsando desde las políticas públicas ferias nacionales como la “Exporgánicos” e internacionales, como la Biofach, (la más importante en el mercado de productos sustentables del mundo, con un crecimiento  del 10 % anual en el volumen de ventas) Fancy Food Show y Sial y Anuga.

Otra medida, es que a productos de valor agregado elaborados a base de miel, especialmente bebidas como el hidromiel, bebidas refrescantes, etcétera, se les exima del IEPS y de otros impuestos con el fin de lograr mayor consumo y accesibilidad al consumidor final (igual que se ha hecho con el pulque, por ejemplo). 

Pero la solución mas simple y de amplios beneficios colectivos seria al menos duplicar nuestro consumo individual de miel (podemos hacer lo mismo con el café). Parece increíble que una simple cucharadita de miel puede cambiar el destino de cientos de familias campesinas. Ayudando a sostener una actividad tan noble, ayudaríamos a proteger y a estimular la reproducción de abejas, los polinizadores por excelencia; otros muchos alimentos de nuestros consumos dependen de ello. Seriamos más energéticos y alegres y hasta la disminución de la contaminación atmosférica y de ríos y lagos se vería a la baja al estimular el consumo de miel y aminorar la producción industrial de azúcar. Sí, una simple cucharada de miel puede hacer la diferencia.

Pedro Álvarez Icaza. Experto en Política ambiental, Gestión y manejo de cooperación multilateral internacional.

Twitter: @alvarezicazapc

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