Ciudad de México a 8 marzo, 2026, 11: 08 hora del centro.
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Utopía y 4T

postal PP horizontal Valeria Torres

Morena cumple once años como partido político. Pero esta historia, que hoy aparece en los calendarios y en las efemérides, nació mucho antes. Nació en la indignación de un pueblo cansado del abuso, en la conciencia de que el país merecía un destino distinto. Nació en los movimientos por la democracia, en las luchas magisteriales, en las huelgas obreras, en las comunidades que se negaron a morir en silencio. Nació en la certeza de que no hay nada más revolucionario que defender la dignidad.

Once años después, seguimos teniendo claro que no somos solo un partido: somos un partido-movimiento. Una fuerza política que nació desde abajo, con un mandato popular que no se agota en las urnas. Gobernamos con legitimidad, sí, pero también con memoria y con rumbo. La Cuarta Transformación sigue demostrando que otra forma de hacer política es posible: una que no responde a los intereses de las élites, sino al mandato del pueblo. Una política que distribuye, que escucha, que protege.

Pero que nadie se confunda: que gobernemos no significa que el poder nos pertenezca. Porque los otros poderes —los que no se eligen en las urnas— siguen intactos. Siguen allí los jueces al servicio del privilegio, los medios que editorializan contra el pueblo, los empresarios que sueñan con volver a imponer presidentes, los psudointelectuales que nunca han pisado el campo, las periferias, los barrios. Mientras esos poderes sigan del lado del viejo régimen, seguiremos siendo oposición. Y luchamos, todos los días, para que lo público sea cada vez más público: más accesible, más justo, más democrático.

La memoria es nuestra mejor herramienta de transformación, nos hace recordar que este camino no empezó en las oficinas ni en las campañas, sino en el territorio, en las asambleas, en la voz de quienes durante años fueron ignorados. No nacimos para administrar el sistema, nacimos para transformarlo. Para cambiar las reglas, no para adaptarnos a ellas. Para abrir las puertas de la historia a quienes siempre se las cerraron en la cara.

Y sí, caminamos con utopía, pero también con memoria. Porque venimos cargando con esas mujeres y hombres que se nos quedaron en el camino, pero que durante años cargaron con el movimiento que aspiraba, en algún momento, transformar la vida pública del país. Sus luchas, sus convicciones y su esperanza no se perdieron: hoy son parte de cada decisión que tomamos, de cada reforma, de cada vez que el pueblo se reconoce en el poder.

Durante mucho tiempo nos dijeron que queríamos demasiado. Que era imposible subir salarios, combatir la corrupción, respetar derechos y mantener estabilidad. Que estábamos soñando. Y sí: estábamos soñando. Porque como escribió Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

La Cuarta Transformación es eso: una utopía en movimiento. Una visión que no se agota en un sexenio, que no cabe en un programa de gobierno. Una apuesta ética por un país más justo, más igualitario, más soberano. Y como toda utopía verdadera, se construye paso a paso, con el pueblo como brújula y motor. Porque, como bien sabemos, los cielos no se toman por consenso: se toman por asalto. Con organización, con voluntad y con una historia viva detrás.

Sabemos que no todo está resuelto. Que aún hay resistencias, inercias, contradicciones. Que el cambio de régimen no se decreta: se construye. Pero también sabemos que el suelo ya no es el mismo. Que el pueblo mexicano ya no se deja engañar con facilidad. Que hay una conciencia nueva que crece desde abajo, que se organiza, que exige, que sueña.

Morena no es un proyecto cerrado. Es una herramienta en disputa, una construcción colectiva, un espacio para pensar el futuro sin miedo. Y por eso, en estos once años, lo que más celebramos no es el poder, sino el camino. El trayecto compartido. La lealtad a una causa que no cabe en los noticiarios ni en las encuestas, pero sí en la mirada de quien sabe que esta vez el pueblo sí tiene la palabra.

Sabernos parte de esta historia es también una responsabilidad. No estamos aquí por casualidad. Estamos aquí por causalidad. Estamos aquí porque resistimos. Estamos aquí porque organizamos, porque vencimos. Y porque no vamos a permitir que nos arrebaten lo que es del pueblo.

La Cuarta Transformación no es una meta: es un horizonte. Y ese horizonte —como decía Galeano— se corre cada vez que avanzamos. Pero ahí está, llamándonos a caminar. A profundizar el cambio. A no conformarnos. A no olvidar nunca quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Porque en eso consiste transformar: en saber que el trayecto vale más que la comodidad. En caminar sabiendo que no caminamos solas ni solos, sino como parte de un pueblo que, después de siglos de exclusión, decidió hacerse cargo de su destino.

Y eso, exactamente eso, es lo que ninguna derecha podrá entender ni detener. Pero, como decía López Obrador: no nos vamos a cansar de pensar y ser como somos.

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