Ciudad de México a 25 enero, 2026, 1: 04 hora del centro.
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Venezuela es la advertencia para Latinoamérica

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Nuestra región vive momentos de tensión. El gobierno estadounidense encabezado por Donald Trump secuestró a su homónimo venezolano Nicolás Maduro y Cilia Flores en una operación militar quirúrgica que terminó en el bombardeo de la ciudad de Caracas y el asesinato de decenas de integrantes del cuerpo de seguridad del mandatario, la mayoría de origen cubano.

La antesala de la intervención estuvo marcada por diversos conflictos globales y situaciones que anticipaban una operación en la tierra de Simón Bolívar, además de las reiteradas declaraciones intervencionistas del presidente Trump. La geopolítica está marcada por la influencia de Rusia y China, quienes tienen intereses en Ucrania y Taiwán. El mundo da un giro hacia lo regional.

Los testimonios del republicano son claros: el enemigo del mundo es el narcotráfico y la falta de democracia. Primero fueron los nazis alemanes, después los comunistas rusos y aliados, al tiempo se dieron cuenta que eran los terroristas árabes y ahora los gobiernos latinoamericanos que no controlan el narcotráfico.

Sobre esto último, los funcionarios estadounidenses omiten en el debate la responsabilidad de una sociedad de consumo de narcóticos, la complicidad de sus ciudadanos en las redes de distribución, su unilateralidad como estado para actuar en el extranjero y, quizás, el aspecto más apremiante, ¿quién le proporciona armas al crimen organizado? Latinoamérica sigue poniendo los muertos en los conflictos de drogas.

Los ojos del mundo están puestos en Venezuela. Los medios de comunicación y las redes sociales muestran tres posturas políticas sobre los hechos que vale la pena mencionar.

Primero, están quienes denuncian la violación del derecho internacional y las intenciones, cada vez menos ocultas según los declarado por Trump y su secretario de estado Marco Rubio, del acaparamiento de los recursos naturales de las regiones y la tutela política. Es la opinión orientada hacia la izquierda política.

En segundo término, están los latinoamericanos que quieren replicar el modelo estadounidense en sus regiones por medio de las intervenciones. El peligro de estas opiniones está en la renuncia de la política y la legitimidad en acciones violentas. Este pensamiento puede asociarse a la derecha y a su sociedad de consumo.

También existe una tercera opinión, que no está de acuerdo en el intervencionismo estadounidense y que manifiesta su apoyo al cambio de régimen político. Es una posición ambigua que puede orientarse hacia el centro con tendencias a la izquierda o derecho según se profundice.

Lo sucedido en Venezuela marca un mal precedente en nuestra América. Estamos expuestos a una diplomacia de enseñar los cañones y de disparar. Se trata de romper acuerdos que están sustentados en los derechos humanos y el desprecio a la guerra.

Para quienes aún dudan del trasfondo de la intervención, resulta pertinente hacer un análisis en las declaraciones desde Estados Unidos:

  • La justicia estadounidense descarta la existencia del Cartel de los Soles, organización que, según Trump, lidera el presidente Maduro y lo responsabiliza del tráfico de drogas.
  • El país norteamericano anuncia el control de las exportaciones del petróleo venezolano.
  • Marco Rubio, secretario de estado, menciona que no habrá elecciones en el corto plazo para Venezuela. Esto después de afirmar que la principal opositora y premio Nobel de la Paz María Corina Machado no tiene legitimidad para gobernar.

No era el combate al narcotráfico, tampoco la crisis política y la democracia. El dominio regional, por la fuerza o el financiamiento, es el objetivo para Latinoamérica. América para los Norteamericanos.

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