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Algunos mitos neoliberales respecto a la política social

Una creencia neoliberal es que la política social debe limitarse al combate a la pobreza y focalizarse sólo en aquellos pobres merecedores: “los que le echan ganas”. Es natural que políticas universales como las becas Benito Juárez les generen disonancias cognitivas a los neoliberales: “¿Cómo es posible que todo mundo reciba esos subsidios, incluso si no son pobres?”, se preguntan. Su tren de pensamiento va más allá. Un experto de un organismo financiero internacional incluso ya condenó al fracaso a las becas Benito Juárez, sin más evidencia —hasta ahora ningún organismo autónomo, como el Coneval, las ha evaluado— que la de un estudio de otro programa diferente: “[t]ener un programa universal de becas es un desperdicio o clientelismo”. Para los neoliberales, una política social que no esté focalizada es inefectiva o corrupta.

En vista de lo anterior, vale la pena hacer algunas desmitifaciones. La política social es más que combatir a la pobreza. A diferencia de México, donde el porcentaje de la población cuyo ingreso es inferior a la línea de bienestar mínimo —un eufemismo para decir: la pobreza extrema— es de 17.5 por ciento (Coneval, 2016), y donde hay escuelas y hospitales privados, en Dinamarca la miseria es inexistente y tienen políticas sociales fortísimas. En este país europeo la salud y la educación no son mercancías, sino servicios públicos universales con costos directos muy bajos o inexistentes para sus derechohabientes, quienes los pagan, junto con las empresas, con sus impuestos. De acuerdo con la OCDE, la desigualdad de ingresos en Dinamarca, antes de impuestos y gasto público, es similar a la de México. Sin embargo, Dinamarca, una vez que el gobierno ha provisto estos servicios públicos, se convierte en el tercer país menos desigual del mundo.

Un argumento neoliberal a favor de las políticas focalizadas es la restricción presupuestal. El gobierno danés recauda y gasta alrededor del 40 por ciento de todo lo que ese país produce en un año; mientras que esta cifra es de 16.2 por ciento para México, porcentaje similar al de Ruanda. Si algún día queremos ser como Dinamarca, nos urge una reforma fiscal para que el gobierno cuente con el dinero para gastar en más y mejores servicios públicos.

Segunda precisión: el mecanismo de selección de los beneficiarios —universalidad o focalización— nada tiene que ver con el clientelismo. De acuerdo con Transparencia Internacional (2018), Dinamarca, con su política social universal, es el país menos corrupto; mientras que México, con sus políticas focalizadas, estuvo en el lugar 138 de 180. El manejo clientelar de la política social depende, más bien, de la efectividad de controles como mecanismos para la presentación de quejas y denuncias, reglas de operación públicas, auditorías y evaluaciones periódicas hechas por organismos externos, información disponible al público, entre otros.

Es importante conocer estos mitos neoliberales para que no nos quieran volver a dar gato por liebre.

Víctor Arámburu. Doctor en política pública por el CIDE
y maestro en política social y desarrollo por la Escuela
de Economía de Londres (LSE). Ha trabajado en el diseño, operación
y evaluación de políticas públicas en diversos sectores,
particularmente en temas de desarrollo económico y social,
así como de fiscalización y combate a la corrupción.

@varamburucano

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