Pluma Patriótica

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"Naco"

No hay acuerdo sobre el origen de la palabra: que si viene de totonaco (como decía Monsiváis), que si del otomí “cuñado” (según un Diccionario de Mejicanismos de 1895), o que si es la manera como llaman a los indígenas en Guerrero, según otro Diccionario de Mejicanismos, de 1959 (Ivette Bürki, 2014). Pero la verdad es que no necesitamos saber su etimología para conocer su significado y su carga discriminatoria. Todos los días usamos palabras cuyo origen desconocemos: casi nadie sabe de dónde viene la palabra “chido” y sin embargo sabemos qué significa, cuándo decirla y dónde no decirla. Los hablantes sabemos mucho más que los diccionarios.

Pronunciar “naco” en público es arrojar una granada de mano. Hace un par de años, escribirla en un artículo de opinión le costó su puesto al entonces director de TV UNAM, Nicolás Alvarado.

En días recientes una mujer con millones de seguidores en Instagram la usó en contra de unos operadores de una lancha en Cancún. Algo —que no entiendo bien y que para el caso no importa— les irritó a ella y a sus amigos, de modo que no dudaron en espetarle a los trabajadores: “Nacos”. Después aclaró: “Naco quiere decir ‘sin educación’”. El diario Reforma eligió cabecear una de sus notas acerca de la subasta de joyas decomisadas al crimen organizado con la siguiente frase: “No es lo narco, sino lo naco…”. En la nota detallan el “mal gusto” de las joyas decomisadas, y atribuyen la frase a una mujer anónima que andaba por ahí en la puja.

Cuando alguien emplea esta palabra en público y surgen reproches, quienes la usan se sienten en la obligación de aclarar que aluden a “la falta de educación”, “a la incivilidad”, “al mal gusto”. El problema es que cualquiera de estas cualidades, en nuestra sociedad, se entrecruza con estereotipos de clase. Muchos reclamos apuntan en direcciones equivocadas: no se sanciona su uso por ser un término profundamente despectivo, sino porque “el verdadero naco” (o naca) es quien lo enuncia. Llama mucho la atención que, en el caso de la influencer de la lancha, su derecho a usar esta palabra contra el trabajador se acababa donde empezaba una bolsa de sabritones. No sé si para ciertas personas es aceptable, entonces, que alguien llame a un trabajador “naco” si lo dice mientras degusta canapés de caviar.

¿Cuándo “está bien” y cuándo “está mal” decirle a alguien “naco”? ¿Existe de verdad la situación adecuada, el enunciador ideal, el portador legítimo de derechos sobre esta palabra? Lo cierto es que “naco” es una palabra profundamente racista y clasista, y esto se ve no sólo en sus usos sino también en cómo no se usa. Es común escuchar, por ejemplo: “el dinero no quita lo naco”, o “lo güero no quita lo naco”, pero sería rarísimo oír lo opuesto: “lo moreno no quita lo naco” o “es pobre, pero naco” son cosas que nadie suele decir, porque “moreno” y “pobre” no generan contraexpectativas hacia “lo naco”, como sí lo hacen nociones como “rico” y “güero”. Más que a la raíz de la palabra, habría que estar atento a las situaciones comunicativas en donde se emplea. Y tratar de cambiarlas.

Violeta Vázquez-Rojas. Lingüista. Estudia la gramática del purépecha
y del español. Interesada en divulgar la ciencia del lenguaje
y en desterrar algunos mitos y prejuicios acerca de las lenguas,
de las palabras y de sus usos. 

@violetavr

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