Pluma Patriótica

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Volver a hacer de la Medicina el oficio más bonito del mundo

Cuando decidí estudiar Medicina, allá por el año 2003, era una adolescente ingenua que creyó que lo más difícil serían las horas de estudio.  Efectivamente lo más difícil en un inicio fue aprender a estudiar, a sintetizar, a aplicar y a no olvidar lo leído; pero fue sólo en el principio. Lo realmente complicado vino más después cuando empezaron las rotaciones en hospitales: pude ver cara a cara la realidad del sistema de salud en la Ciudad de México.  

Fue mi primer contacto con internos y residentes agobiados por las tantas horas continuas de trabajo; frente a mis ojos de estudiante castigaban a médicos internos de pregrado –quinto año de la carrera– y a residentes de especialidades por errores que eran consecuencia de no haber dormido en días. Con sorpresa y un poco de coraje descubrí que los adscritos (médicos ya con cédula profesional) trabajaban una quinta parte que los médicos en formación a pesar de que a los primeros les pagan más. 

Cuando estudias medicina conoces la desgracia de los hospitales sobresaturados y caes en cuenta que a partir del quinto año de la carrera ésa será tu realidad: el internado. Todos los rumores eran realidad: sufrimiento normalizado; falta de sueño; exceso de trabajo; malos tratos; humillaciones; poca enseñanza, muchos pendientes que hacer en el hospital y experiencias que terminaron por convencerme que lo fácil de la carrera eran las horas de estudio, lo verdaderamente difícil era hacer medicina en un país como el nuestro. 

Obviamente mis compañeros y yo como los cientos de estudiantes de internado nos equivocamos más de una vez por nuestra inexperiencia en el manejo médico de los pacientes. Algunas veces, también, nos descubrimos desquitándonos con algún paciente por la excesiva carga de trabajo. Regañar a enfermos por no haber seguido indicaciones médicas (cuando la realidad es que no somos sus padres; sugerimos, y es decisión del paciente si quiere seguir o no la recomendación). Por su lado esas mismas personas nos reclamaban la falta de insumos en el hospital o explotaban de rabia contra nosotros cuando se les informaba que los resultados en la cirugía o en el tratamiento médico no habían sido los esperados.

Después de más 15 años en la medicina puedo afirmar que la vulnerabilidad que tienen los pacientes por todas las desventajas que viven en un hospital está por delante de los difíciles años de formación a la que estamos expuestos los médicos.  Y así es como de la mano de los pacientes necesitamos acciones concretas que garanticen un mejor desempeño del sistema de Salud Pública. Somos personas procurando la salud de personas, eso nunca lo debemos olvidar. 

En estos años he sido testigo de cosas terribles: médicos cuestionar y juzgar la vida sexual de una adolescente, de situaciones atascadas de machismo en las que se revictimiza a mujeres, de comentarios homofóbicos al tratar a pacientes homosexuales, de descubrir nuestra ineptitud para explicar una patología a pacientes de escasos recursos; lo peor es que sucedió en diferentes hospitales y en distintas etapas de mi formación.

Desde esa experiencia, Médicos del Bienestar debe ser un programa prioritario y fundamental en México porque debemos cambiar la manera en la que los médicos nos acercamos a los pacientes: los médicos deben ser sensibilizados nuevamente. El programa considera un curso previo para aprender  a tratar pacientes desde una perspectiva de género y sobre las barreras que pueden enfrentar diferentes grupos poblacionales (jóvenes, personas indígenas, personas LGBTQ, personas con necesidades especiales, comunidades migrantes). Es una propuesta viable, tangible y cercana para mejorar el tan lastimado sistema de salud pública.  

Sensibilizarnos y concientizarnos nos regresará a las bases Humanistas de la mejor profesión del mundo, nos hará revivir la primera frase que oímos en esta carrera: “primum non nocere”: lo primero es no hacer daño. 

 

Yoalli Palma. Cursó la carrera de Medicina en la UNAM y la Especialidad de Gineco-obstetricia y subespecialidad de Medicina Materno Fetal en el Instituto Nacional de Perinatología. Apasionada del yoga y enemiga de planchar batas blancas. 

Twitter: @yoalli_palma

 

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