junio 13, 2021

Pluma Patriótica

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miércoles, 12 febrero, 2020

Volver

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno”, hubiera cantado de nueva cuenta Gardel dada la torna de la política en Chile y del peronismo en Argentina.

El incremento del precio del boleto del Metro en Santiago fue la gota que derramó el vaso a una acumulación de demandas y deseos frustrados causados por el modelo neoliberal. No sólo es el precio del transporte, sino también la desigualdad, las privatizaciones en la salud, educación y sistema de pensiones, una clase media que vive endeudada, etc.

La Concertación chilena albergó partidos de diversa ideología en torno a un proyecto que restauró las libertades perdidas durante la dictadura, pero nunca se atrevió a cambiar el programa económico implementado por Pinochet. Pasaron Lagos, Frei, Bachelet y Piñera, y el neoliberalismo no se vio cuestionado. Al tener las principales fuerzas políticas un consenso implícito sobre el futuro chileno, prácticamente nos encontrábamos ante la negación del antagonismo y de la política misma. Por lo tanto, cuando ocurre la ruptura entre la sociedad y las élites políticas, esta quiebra no encuentra un cauce institucional. El golpe de Estado a Salvador Allende significó un trauma en la sociedad chilena, provocó que la izquierda viviera en la nostalgia añorando ‘algo que pudo ser’ y justificando la continuación del neoliberalismo. Ahora las protestas ante el desgaste del régimen son la oportunidad de constituir un nuevo modelo, el regreso de la disputa por el proyecto hegemónico.

Del otro lado de los Andes, el macrismo apostó a ‘quedarse 30 años’, a ‘refundar la Argentina’, a ‘estabilizar la economía’, a ‘cerrar la grieta’ que divide desde hace más de 70 años a los argentinos entre peronistas y antiperonistas. El fracaso fue estruendoso. En el plano económico la gestión fue apocalíptica, el gobierno fue una máquina de generación de pobres. Por si fuera poco, en lo político-ideológico aquellos que venían a ‘acabar con el peronismo’ para cerrar la grieta terminaron incorporando algunos de sus elementos (los más conservadores) intentando salvar la elección. La grieta quedó intacta y el país al borde del precipicio.

Sin embargo, las protestas no fueron tan numerosas como en Chile, quizás porque en Argentina las elecciones estaban más cerca, pero principalmente porque el peronismo reapareció aglutinando a millones de argentinos y sus demandas populares (algunas veces hasta contradictorias). Cristina Fernández comprendió que el kirchnerismo se había aislado, que éste era tan sólo una de las variantes del movimiento nacido en 1945 y que para ganar había que reconciliarse y reunificarse con diversos sectores peronistas reticentes a la última etapa del kirchnerismo. La clave de la victoria de la fórmula Fernández-Fernández fue regresar a la lógica esencial del peronismo: articular, articular y articular hasta el umbral de la grieta.

En suma, volver en ‘chileno’ es el retorno del conflicto, del antagonismo, de la polarización, de todo aquello que el modelo post-dictadura intentó evitar, es el regreso de aquello que se reprimió en 1973, la resurrección de la grieta que separa a una élite insensible del pueblo, es imaginar y crear un horizonte, un modelo nuevo. En ‘argentino’ es la vuelta cíclica al poder de un movimiento popular que con todos sus peros ha logrado mantener vigente el lema: “los días más felices siempre fueron peronistas”, es el horizonte que a través de la remembranza de un pasado ‘glorioso’ promete “volver a poner a la Argentina de pie”.

 

Alex Moreno. Licenciado en Geografía, UNAM-Universidad de Hamburgo. Primer lugar del Concurso Nacional de Tesis (2017), por la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales. Estudia la maestría en Ciencia Política en la Universidad de Essex.

@alexmrhdz

Otros textos del autor:

-El rumbo de Greta

-Ni Pedro, ni Pablo

 

 

 

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