Estamos a días de que se lleve a cabo la primera elección al poder judicial. Las casillas ya están asignadas y el Instituto Nacional Electoral, en su mejor intento de primeras elecciones, ha promovido el voto, pero ¿dónde está la marea rosa?
Recordemos que en mayo de 2024 se formó un grupo de personas que decían defender la democracia, el INE y por supuesto el sufragio en nuestro país. Ese grupo salió a las calles a pedir que se respetara el INE, esparciendo el discurso donde referían que la democracia estaba en riesgo; se reunió en la plancha del zócalo e incluso tuvo su propia marcha. A un año de su creación (que en opinión propia estaba lidereada por el miedo desinformado), ¿dónde están estos defensores de la democracia y promotores de un voto libre e informado?
El tiempo mostró lo que la mayoría ya sabíamos: la incongruencia de los actores políticos que hilaron este movimiento y que usaron el miedo y desinformación para manipular a un sector de la población.
A unos días de la elección al poder judicial, la historia se repite. Quienes decían defender el voto y la democracia ahora huyen de este proceso histórico y llaman a no presentarse a las urnas. Lo que se mostraba como una movilización libre y autónoma preocupada por sus derechos político-electorales hoy parece haber desaparecido.
La participación ciudadana que conlleva a la democracia se construye en las calles y las urnas, siendo el voto la verdadera manifestación de la voluntad del Pueblo.
Nuestro país, rico en historia, cultura y dignidad, está dando un paso más hacia una democracia que proveerá justicia. Ya no más jueces inalcanzables, ni ministros que se deciden entre cúpulas. Hoy, la justicia será del Pueblo y para el Pueblo.
Durante décadas, vimos cómo la ley se aplicaba solo para los que tenían compadrazgos y cómo los poderosos evadían castigos, mientras el Pueblo sufría sentencias injustas. Algunos dentro de las élites tenían amparos infinitos e instantáneos para no pagar impuestos, así como sentencias que liberaban cuentas millonarias a familias de personas que buscaba la ley, mientras que el mexicano de a pie era juzgado cuando se podía, pudiendo pasar años sin sentencia (o, en su defecto, con una sentencia injusta).
Procesos eternos y puertas cerradas. ¿Cuántas veces nos preguntamos quién juzgaba a los jueces? Hoy esa respuesta estará en manos de todos. Con nuestro voto en estas elecciones sentaremos el precedente de tener, al menos, impartidores de justicia más cercanos a las causas que nos invaden, pues tuvieron que salir de las oficinas y escuchar las dolencias en las calles.
Elegir al Poder Judicial no es un simple acto electoral. Es una batalla pacífica por la dignidad nacional. Es levantar la voz por las madres que buscan justicia, por los jóvenes encarcelados injustamente, por los pueblos que han sido ignorados; es construir un país donde la justicia no tenga precio, ni rostro de privilegio.
Este cambio no es solo político, sino profundamente moral y patriótico, porque amar a México también es luchar contra la impunidad, contra la corrupción judicial y contra el silencio de los tribunales ante el sufrimiento de millones.
Hoy tenemos la oportunidad de decidir quiénes serán las y los nuevos jueces, magistrados y ministros. Serán personas que ya no les deban el cargo a favores políticos, sino al Pueblo que los elige, mexicanos con vocación, con ética, con un profundo compromiso con la justicia social.
Votar es un acto de amor a la patria, por un México más justo, libre y soberano.
Si las causas de la llamada “marea rosa” hubieran sido legítimas, el día de hoy estarían promoviendo el voto a la elección del poder judicial, difundiendo perfiles y velando la elección, pues de eso de trata la democracia.
Sin embargo, no es así y el acto de simulación hoy más que nunca quedó al descubierto; es deber de los mexicanos que tenemos memoria y sabemos lo que costó ser un país demócrata ejercer nuestro derecho sin simulaciones.
Este momento es histórico, no lo dejemos pasar.
Por nuestras familias, por nuestra tierra, por nuestra historia y por nuestro futuro, votemos por la justicia del Pueblo.



