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En medio de la dificultad reside la oportunidad

En medio de la dificultad resi

Ubicados en la región de los valles abajeños del estado de Guanajuato, siendo municipios colindantes con el estado de Michoacán, se ubican Moroleón y Uriangato. Dos municipios pequeños en extensión pero que juntos forman un gigante de la industria textil, no solo en el estado sino también a nivel nacional.

 

Moroleón inició formalmente en esta industria en la época de los 80s, anteriormente solo se confeccionaban rebozos. Con el auge del comercio poco a poco los talleres familiares empezaron a incluir nuevos productos entrando a un mercado más llamativo, Moroleón comenzó la confección de suéteres y chalinas de tejido de punto además de colchas y con el paso de los años la ciudad vecina de Uriangato se unió, fue así como se creo está zona meramente enfocada a lo textil.

 

Estas dos pequeñas ciudades se han convertido en un destino industrial en Guanajuato que aprovechan las ventajas de conocer esta rama del comercio por ya varias décadas y que gozan de una organización industrial fundada en la concentración de talleres, pequeños, medianos y grandes. Talleres formados por familias de generación en generación, personas que empezaron sin conocer de patronaje, moda, tendencias y demás y que poco a poco fueron adquiriendo tanto conocimiento para aplicar en sus pequeños negocios como la tecnología que los ayudó a mejorar sus productos y a poder salir a mercados mas competitivos dentro del país y en el extranjero. 

 

Moroleón y Uriangato sostienen su economía de la industria textil en un 90%. Aquí no solo hay talleres de confección de ropa, también podemos encontrar grandes tiendas de telas, mercerías con una gran variedad de productos, comercios dedicados a la venta de maquinaria especializada para este rubro, venta de refacciones para estas mismas máquinas, talleres donde se maquila ojal, botón, bordado, plisado, planchado especial, corte de tela, teñido de tela e insumos, sublimado, estampado, despachos de diseño gráfico enfocados en crear diseños para la ropa, corte laser para las aplicaciones que estas llevan, locales especializados en hacer moldes y patronaje y una infinidad de diferentes labores y trabajos que derivan de esta industria.

 

Esta zona textil ha tenido desde sus inicios varios obstáculos que ha sorteado con éxito gracias a el ímpetu, la garra, el sacrificio y el trabajo que caracteriza a las personas de estos municipios. En un inicio tuvieron que pagar caro el desconocimiento de esta industria saldando y abaratando sus productos en mercados foráneos con tal de sacar la inversión,  la novatez de entrar a un mercado desconocido les pasó factura pero se salió avante, se aprendió y vino la abundancia de los 80s y principios de los 90s, donde el nombre de Moroleón y Uriangato se puso en el mapa y se hizo de su fama: “La zona textil que viste a México, a buen precio y con muy buena calidad”. Luego con Salinas de Gortari y el capitalismo voraz como bandera llegó la crisis del 94, la devaluación del peso, el tratado de libre comercio que lejos de ayudar a que se adquirieran más insumos y materia prima a menores costos, provocó una entrada de productos textiles extranjeros muy baratos especialmente de China, haciendo así que los productos hechos en la zona no pudieran competir en precio con los recién llegados que invadieron por todos lados la zona comercial y le dio duro a los productores locales y talleres familiares.

 

Poco a poco se ha logrado competir con estos productos asiáticos  y salir adelante. A pesar de que la invasión china fue inevitable, los propietarios y dueños de talleres y fabricas no se dejaron intimidar, se pusieron las pilas. ¿Cómo lo hicieron? Tuvieron que invertir en tecnología, perfeccionaron sus prendas, aprendieron más de tendencias y moda, capacitaron a su mano de obra, optimizaron el proceso de confección e hicieron todo lo posible por mejorar ante la crisis que estaban viviendo; estas pequeñas ciudades han aprendido de cada dificultad que se presenta y han logrado salir adelante. Esta pandemia que estamos viviendo del COVD-19 que provocó el cierre de talleres, tianguis, fabricas y comercios no iba a ser la excepción.

Con el anuncio de parte del gobierno de México de cerrar todos los comercios y pausar las industrias no esenciales para evitar la propagación del virus, se vino una preocupación por parte de la población de estas dos ciudades y de algunas colindantes (ya que muchas personas de lugares vecinos van a laborar diariamente a estos municipios), fue poco más de una semana donde todo estaba parado, tiendas cerradas, tianguis cerrados, comercios cerrados. Ante esta crisis y la tendencia en el país y el mundo de usar cubrebocas y la escases de estos en un principio, surgió la idea: se empezaron a fabricar cubrebocas en todas las casas y talleres donde había una maquina de cocer.

 

En el sur de Guanajuato se empezó a mover la industria nuevamente. Los talleres y maquiladoras cambiaron la ropa por los cubrebocas y se comenzaron a fabricar miles diariamente. De todos tipos: desechables, lavables, de pellón quirúrgico, de tela, de poliéster, acojinados, simples, plisados, lisos, estampados, por pieza, por mayoreo, además de que los talleres de corte laser que anteriormente cortaban material para aplicaciones textiles idearon mascarillas de acrílico de protección contra el COVID-19. Una zona textil que echó mano de sus herramientas, maquinaria y conocimiento de su industria habitual para poder seguir generando ingresos y lograr sobrellevar de alguna manera esta crisis que ha afectado seriamente todas las industrias a nivel global.

Moroleón y Uriangato no solo distribuyen cubrebocas en el país sino que estos insumos de protección sanitaria actualmente están llegando a varios lugares del mundo: en esta zona textil de Guanajuato, estos mexicanos, encontraron en medio de la dificultad y la crisis, una oportunidad.

 

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