Volvimos a salir a las calles después de seis meses.
Volvimos a militar presencialmente en el territorio.
Volvimos a salir como el Pueblo organizado que somos para salvar a la Nación.
Volvimos a salir a tomar las calles, los parques y las plazas públicas; igual que en 2018 cuando buscamos ponerle fin al neoliberalismo; o en 2013 cuando defendimos el petróleo; así como lo hicimos en 2012, cuando se buscó el registro del partido; y en 2006, cuando denunciamos el fraude electoral más cínico de la historia de nuestro país.
La esperanza y la lucha por la justicia social, hoy, después de medio años de organizarnos virtualmente, nos obligó a salir nuevamente a las calles para apoyar la iniciativa ciudadana para el #JuicioAExpresidentes.
Desde el pasado fin de semana, cientos de personas -principalmente jóvenes en todo el país- de la manera más austera sacamos una mesa, una cartulina, unos cuantos bolígrafos y varias copias del formato oficial para que el Pueblo de México se sume a ser partícipe de este paso hacia la justicia social. La esperanza que se transmite al ver las fotos de la ciudadanía organizada y de escuchar y hablar con ellos es realmente inexplicable.
Entre emociones y sentimientos encontrados, esta acción colectiva ha sido solo el detonante para el regreso obligado de escuchar a las bases. Aquí se respira esperanza, nos inundamos de alegría al ver a la gente comprometida formada esperando su turno, no solo para sumar su firma, sino también para ser escuchada: “¿Cuántas firmas llevamos?”, “¿Dónde firmo para que se vayan a la cárcel?” “¿Cómo le hago para poder juntar firmas con mi familia?” Son de las preguntas más sonadas en las jornadas de recolección de rúbricas, principalmente por parte de la gente de la tercera edad que termina felicitando a la generación joven por asumir la responsabilidad en esta acción colectiva. El coraje y la indignación también están presentes cuando, quienes firman, hablan de sus propias historias de vida protagonizadas por la violencia, la precarización laboral o el desplazamiento forzado, y de cómo se manifiesta esa sed de justicia que tanta falta hace en sus propias familias.
Esta acción colectiva, más allá del proceso legal que implican las propias firmas de la iniciativa ciudadana, es el llamado popular de salir a gritar que hay una deuda histórica con cientos de familias mexicanas. Que, aunque no nos podamos movilizar masivamente como siempre lo hemos hecho, aquí seguimos, organizados, de pie y con mucha pero mucha memoria. Es salir a gritar que no olvidamos Ayotzinapa, el Narcoestado o Pasta de Conchos (por mencionar algunos ejemplos) y que, a pesar del trabajo de las actuales instituciones rumbo a la justicia social de estos casos, el Pueblo identifica y no olvida a los responsables.
Hoy tenemos una responsabilidad: reiterar que seguimos en esta lucha y que la vamos a seguir construyendo con, desde y para el Pueblo. Juntar dos millones de firmas en esta iniciativa es un mensaje claro para los expresidentes y sus cúpulas políticas y económicas: No volverán. Por ello hago un llamado, principalmente a las juventudes que militan en la 4T, a sumar todos los esfuerzos para la iniciativa #JuicioAExpresidentes; no solamente recabando firmas en plazas públicas sino también en el tradicional “casa por casa” hasta llegar al último rincón del país. A los ex mandatarios les decimos: ya volvimos a salir, no les vamos a ceder ni un pedacito de calle, aquí están las juventudes con el Presidente, no lo dude nadie.



