Tan bien va el gobierno de la Cuarta Transformación, que la aprobación del Presidente sigue aumentando en cada rincón del país. “Vamos bien” y “vamos mejor” son sensaciones y pensamientos que se pueden palpar en la sociedad. El acceso que hoy se garantiza a la información hace que una gran cantidad de personas opinen día a día de los eventos y decisiones políticas en México. Parece que hoy opinan, exigen y cuestionan más; todos son síntomas de una construcción democrática.
Esto ha traído también que se haya tropicalizado entre las y los simpatizantes del actual régimen el dicho “más papista que el Papa”, convirtiéndose en “más obradorista que Obrador”. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Aunque me muero de ganas por compartirles desde cuándo y por qué soy obradorista, lo importante y fundamental es que si conceptualizamos “obradorista” debemos tener mínimos, por ejemplo: haber leído los libros del Presidente, compartir la filosofía que estamos en esta vida para servir, entender que la corrupción es el peor de los males del antiguo régimen, ser antineoliberal, tener sentido histórico de las tres transformaciones de México, buscar siempre la verdad, ser personas honestas y conocer la trayectoria de lucha del Presidente, entre otras.
Para expresarlo más claro, cito la herencia que nos ha dado el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) de Brasil con el método de trabajo y organización popular:
“El dirigente o referente no es aquel que manda, sino aquel que colectivamente dirige el movimiento. La dirección siempre debe ser colectiva, aunque las responsabilidades y las tareas sean individuales. Articula la actuación de los militantes a partir de un plan de trabajo, con distribución de tareas y responsabilidades, con evaluaciones periódicas. Tiene claro los objetivos que se quieren alcanzar en cualquier momento de la lucha. Domina los principios organizativos del movimiento y los incorpora en su praxis política. Dedica tiempo al estudio, al conocimiento de la realidad, de la historia; e incorpora estrategias de acción colectiva para intervenir en esa realidad que necesita ser transformada. Utiliza la pedagogía del ejemplo, vivenciando y practicando cotidianamente los nuevos valores y comportamientos éticos y morales adecuados, como forma de que los militantes y la base vayan aprendiendo a vivenciar y a construir nuevas relaciones entre las personas. El principal instrumento de su actuación política es la firmeza ideológica y los principios, la claridad política para relacionarse con otras fuerzas y organizaciones, buscando hacer alianzas para enfrentar a los enemigos de clase. Se caracteriza por la coherencia entre lo que dice y lo que hace. Posee un vínculo directo con la base a través de la organicidad del movimiento. En fin, posee características que van siendo desarrolladas en el proceso de lucha específica de cada organización. En otras palabras, la organización hace al dirigente y el dirigente hace a la organización.”
Lo anterior sin duda lo cumple el Presidente. Es nuestro referente en el quehacer político. Desde joven ha sido parte y ha encabezado muchas causas justas. Gobernó la Ciudad de México y dejó precedentes históricos en la administración pública. Encabeza el movimiento que derrotó al régimen neoliberal. Después de dos fraudes en su contra, hoy gobierna el país poniendo en marcha una nueva política económica y un proyecto de justicia social sin precedentes; está haciendo historia en la mayoría de los aspectos de la vida pública.
Y así como crece la figura del Presidente con las acciones que lleva a cabo día a día, así crece la militancia en el Obradorismo. Sin embargo, para que esta militancia sea una verdadera formación política y no se quede en una efímera simpatía, se debe conocer y reconocer el legado y las enseñanzas que Andrés Manuel nos ha dejado como luchador social y las que nos da todos los días en su cargo de Presidente. Una de estas principales lecciones ha sido poner la vida de las personas como eje de todas las acciones gubernamentales con la premisa fundamental: por el bien de todas y todos, primero las y los pobres. El amor al Pueblo es la esencia que despierta la mística del “Obradorismo”. El cargo o encargo no son objetivos, ni lo pueden ser: el Pueblo pone y el Pueblo quita. El poder se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás.



