La Unesco inscribió oficialmente la Ruta Wixárika a Wirikuta, Tatehuarí Huajuyé en la lista de Patrimonio Mundial, reconociendo una de las tradiciones espirituales más antiguas y vivas de Mesoamérica.
Desde París, durante la 47ª sesión del Comité de Patrimonio Mundial, se aprobó por unanimidad la propuesta presentada por México, marcando un hito de justicia histórica y cultural para los pueblos originarios.
Esta ruta sagrada recorre más de 500 kilómetros a través de cinco estados —Nayarit, Jalisco, Zacatecas, Durango y San Luis Potosí— y conecta 20 sitios espirituales, entre manantiales, montañas, rocas y paisajes rituales. Es el trayecto que cada año siguen los wixaritari para renovar su vínculo con los dioses, el maíz, el peyote, el venado y el Sol.
Francisco Vidargas, del INAH, y representantes comunales como Santos de la Cruz y Totupica Candelario destacaron que esta victoria es fruto de más de tres décadas de lucha por el reconocimiento y la protección de los territorios sagrados.
El reconocimiento llega acompañado de compromisos: proteger la ruta del turismo no regulado, evitar la sobrexplotación del peyote y blindar el territorio de intereses mineros.
Una victoria espiritual, cultural y legal
Este nuevo estatus internacional se suma al Decreto de Sitios Sagrados (2023) y a reformas legales que refuerzan el derecho indígena a la protección de sus prácticas y territorios. El Plan de Manejo Integral 2024–2030 contempla gobernanza comunitaria y mecanismos de consentimiento libre, previo e informado.
Después de 30 años, el mundo escucha.
Hoy, la voz del pueblo wixárika retumba en todo el planeta: su cosmovisión, su milpa, sus ceremonias, su mapa espiritual… son ya patrimonio de la humanidad.



