Lo que Alessandra Rojo de la Vega vendió como “una gran movilización ciudadana” terminó en un fracaso estrepitoso. La alcaldesa de Cuauhtémoc apenas logró reunir a un puñado de asistentes en la marcha de “La Resistencia”, confirmando que su capacidad de convocatoria es tan limitada como su liderazgo.
Una marcha sin Pueblo
Pese a la propaganda previa y al respaldo de personajes de la derecha como Margarita Zavala, Claudio X. González y Xóchitl Gálvez, la asistencia fue mínima. En redes sociales circularon videos que exhibieron lo evidente: no fueron miles, mucho menos millones, sino apenas decenas de personas, muchas de ellas trabajadores de la capital que denunciaron haber sido acarreados bajo presión.
La tan anunciada “Resistencia” quedó reducida a un contingente disperso que nunca logró llenar ni una calle.
La derecha más rancia al frente
El evento fue respaldado por el Consejo Nacional de Nueva Derecha, organización conservadora que describió a Rojo de la Vega como “una líder católica en un país de mayoría cristiana”. Desde ahí pidieron que no se permitiera la presencia de símbolos feministas, de la comunidad LGBTTTIQ+ o de movimientos progresistas, dejando en claro el verdadero rostro de la convocatoria: una derecha excluyente, reaccionaria y sin propuesta.
Entre el show y el ridículo
La alcaldesa insistió en que la marcha representaba “un espacio de diálogo y resistencia democrática”, pero las imágenes difundidas en redes sociales la desmintieron por completo. Los asistentes portaban gorras y pañuelos verdes repartidos a lo largo del trayecto, en un intento fallido de maquillar lo que fue: otro acto de acarreo mal disfrazado de ciudadanía.
Ni con discursos de pánico sobre una supuesta “dictadura socialista ligada al crimen” pudieron llenar las calles.
Un PRI-AN reciclado sin convocatoria
Al final, la marcha de Alessandra Rojo de la Vega exhibió lo mismo que la Marea Rosa: un bloque opositor desconectado de la gente, sin legitimidad y sin pueblo que lo respalde.
“La Resistencia” terminó siendo la resistencia del vacío, una caricatura de movilización que confirma la decadencia de la oposición y de su nueva figura: una alcaldesa que ya carga con el mote de “acarreadora profesional”.



