En Chihuahua la corrupción no solo tiene rostro, también tiene dirección y precio: Residencial Bosques de San Francisco, una casa de 32 millones de pesos, propiedad de la gobernadora Maru Campos Galván, que estuvo a punto de convertirse en la suite privada de César Duarte.
La lujosa residencia cuenta con 512 m² de terreno, alberca, acabados de primera calidad y vista al campo de golf. Un verdadero palacio donde el exgobernador priista, acusado de saquear el erario, pudo haber llevado su arraigo domiciliario gracias a la “solidaridad” de Maru.
(https://www.inmuebles24.com/propiedades/clasificado/veclcain-casa-venta-residencial-bosques-de-san-francisco-142163558.html)
El dato es contundente: en septiembre de 2022 los abogados de Duarte ofrecieron esa propiedad como la dirección para su prisión preventiva domiciliaria. Es decir, Duarte hubiera pasado de una celda en San Guillermo a un paraíso con alberca, cortesía de la mandataria que prometió “ni perdón ni olvido” en su toma de protesta.
La operación deja claro que el duartismo sigue vivo en el gobierno estatal: fiscales, funcionarios y hasta viviendas de lujo siguen girando alrededor del exmandatario priista, ahora bajo el manto protector de una gobernadora panista que públicamente presume “anticorrupción”, pero en privado aparece vinculada al mismo saqueador que hundió al estado.
La casa de Maru no solo es símbolo de lujo obsceno, también de hipocresía política. Porque mientras miles de chihuahuenses enfrentan inseguridad y carencias, la mandataria aparece asociada con un inmueble de 32 millones dispuesto a servir como cárcel dorada para su viejo aliado.
En Chihuahua, la corrupción no se castiga: se recicla, se protege y hasta se decora con alberca y campo de golf.


