El Partido Acción Nacional (PAN) estrenó imagen, colores y un nuevo lema que ha despertado polémica: “Dios, Patria y Familia”, una consigna idéntica a la que utilizó Benito Mussolini para cimentar el ideario del fascismo italiano en los años treinta. En su intento por “renovarse”, la derecha mexicana terminó desempolvando un eslogan cargado de autoritarismo, conservadurismo y nostalgia por los viejos privilegios, mostrando que su “nueva era” es, en realidad, un regreso a su raíz más reaccionaria.
La Presidenta Claudia Sheinbaum calificó de “muy poca sensibilidad” el relanzamiento panista, realizado en plena emergencia por las lluvias que han dejado miles de familias damnificadas en distintos estados del país. Mientras el gobierno federal coordina tareas de rescate y apoyo, el PAN celebraba en Paseo de la Reforma su “renacimiento”, con discursos vacíos y un lema que parece sacado del manual ideológico del franquismo y del clericalismo ultraconservador.
“Podrían haberse esperado 15 días… eso habla de su visión y su falta de amor al Pueblo”, expresó la Mandataria.
Lejos de representar una apertura, la supuesta “renovación” encabezada por Jorge Romero evidencia que el PAN ha optado por radicalizar su discurso y atrincherarse en símbolos de la extrema derecha internacional. “Dios, Patria y Familia” no es una frase inocente: es la consigna que justificó guerras, censura y persecución política en Europa y América Latina. El nuevo PAN no parece mirar al futuro, sino añorar los tiempos donde la moral y los privilegios dictaban la política. Una renovación que huele más a pasado que a esperanza.


