Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, anunció que considera lanzarse como candidato presidencial en 2030. El anuncio provocó sorpresa, risas y, para muchos, un inevitable “¿pero todavía existe el PRI?”.
Moreno afirmó que para 2030 estará en “plena madurez política”, declaración que desató burlas en redes sociales, donde usuarios señalaron que si esta es su “madurez”, no quieren imaginar su etapa inmadura, marcada por audios filtrados, derrotas electorales y maniobras internas para ampliar su presidencia del partido hasta 2032.
El llamado “destape” ocurre en un momento crítico para el PRI, que enfrenta su peor crisis en décadas: pérdida de gubernaturas, fracturas internas y niveles históricos de rechazo ciudadano. Mientras Alito se proyecta rumbo a Los Pinos, el tricolor lucha por conservar el registro en varios estados.
Pese a ello, Moreno insistió en que su eventual candidatura dependerá de “si el país lo necesita”. Analistas ironizaron señalando que quizá se refería a Chile, país donde dio sus declaraciones, pues en México las encuestas no lo favorecen ni dentro de su propio partido.
Según mediciones internas del PRI, Moreno es apenas la tercera opción entre priistas, detrás de perfiles con menor exposición pública. Organismos académicos y especialistas coincidieron en que el anuncio parece más un intento por mantenerse vigente que un proyecto serio.
Mientras tanto, el PRI no ha definido una ruta clara hacia 2030: sin cuadros competitivos, sin renovación y sin músculo territorial, la aspiración presidencial de Moreno ha sido interpretada por varios sectores como un gesto más simbólico que real.
Por ahora, el dirigente priista seguirá recorriendo foros internacionales, donde —al menos— puede hablar sin que le recuerden los resultados electorales de su gestión.




