Ciudad de México a 24 enero, 2026, 5: 22 hora del centro.
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Las mujeres indígenas que dan identidad a la vestimenta de Claudia Sheinbaum

En la comunidad serrana de San Isidro Buen Suceso, en Tlaxcala, Virginia Verónica Arce Arce inicia sus jornadas como lo ha hecho por décadas: frente a una antigua máquina de coser Singer, bordando a mano figuras que condensan historia, memoria y tradición. Su trabajo, heredado de generación en generación, forma parte de las prendas que hoy distinguen la imagen pública de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Arce integra un grupo de artesanas indígenas cuyas creaciones —huipiles y vestidos bordados— han cobrado relevancia nacional e internacional al ser utilizadas de manera constante por la mandataria, reconocimiento que incluso le valió a Sheinbaum ser incluida en la lista de las personas más elegantes de 2025 del New York Times.

Desde el inicio de su campaña presidencial, la presidenta ha optado por vestir prendas que rinden homenaje a las tradiciones textiles de distintas comunidades originarias del país. “Cada bordado encierra trabajo, historia y legado; representa algo que una mujer imaginó y diseñó”, expresó Sheinbaum esta semana al referirse a las piezas que porta.

El diario estadounidense destacó que la mandataria ha puesto en el centro de la conversación global la moda indígena mexicana mediante el uso constante de ropa bordada tradicional, elaborada por manos artesanas.

Arce aprendió el bordado náhuatl desde niña, guiada por su padre. Sus diseños, inspirados en la flora y fauna de la montaña La Malinche, se convirtieron en su sello distintivo y llamaron la atención de la entonces candidata presidencial. Uno de sus trabajos más visibles fue el vestido morado con bordado tlaxcalteca que Sheinbaum lució durante su primer Grito de Independencia, el 15 de septiembre, desde el balcón de Palacio Nacional.

“Fue un momento muy emotivo”, relató la artesana, quien junto con su familia siguió la ceremonia por televisión. “Ver ese bordado, que representa a mi comunidad, frente a millones de personas, fue algo indescriptible”.

Prendas que se transforman

No fue la primera ocasión en que la presidenta utilizó piezas elaboradas por Arce. Durante la campaña, Sheinbaum portó huipiles tradicionales que posteriormente fueron adaptados a atuendos formales por Olivia Trujillo Cortez, integrante del equipo de costura presidencial.

Trujillo explicó que la mandataria suele reutilizar y transformar su ropa, solicitando ajustes para convertir blusas o vestidos en trajes y sacos, prolongando su vida útil y evitando gastos innecesarios. Con textiles provenientes de comunidades indígenas de Oaxaca, Chiapas y otras regiones, se han confeccionado atuendos para debates, giras y actos oficiales.

“El estilo de la presidenta se volvió referente. Personas de todos los niveles sociales buscan prendas similares”, señaló Trujillo.

Defensa del patrimonio cultural

Sheinbaum ha sido enfática, al igual que el expresidente Andrés Manuel López Obrador, en defender el arte popular mexicano frente al plagio. En agosto pasado, su gobierno acusó a Adidas de apropiación cultural por replicar el diseño de los huaraches zapotecos de Oaxaca. Años antes, el Estado mexicano exigió explicaciones públicas a marcas internacionales como Zara y Anthropologie por copiar bordados indígenas.

Durante siglos, estas prendas fueron objeto de desprecio y discriminación. En la época colonial incluso se llegaron a quemar huipiles en actos públicos como parte de una estrategia para erradicar la identidad indígena. Ese rechazo, considerado una expresión de racismo, persiste en algunos sectores hasta la actualidad.

Del rechazo al orgullo

Para Claudia Vásquez Aquino, artesana oaxaqueña y otra de las creadoras detrás del estilo presidencial, la visibilidad que Sheinbaum da a la indumentaria indígena representa un cambio profundo. Vásquez diseñó y bordó el vestido color marfil que la presidenta usó durante su toma de protesta el 1 de octubre de 2024, confeccionado posteriormente por el equipo de costura.

“Es difícil explicar lo que esto significa para quienes vivimos de nuestro trabajo artesanal”, expresó. Recordó que en su infancia ocultaba su ropa tradicional al viajar a la ciudad para evitar burlas. “Nos quitábamos el huipil para no ser señaladas. Hoy eso ha cambiado”.

Lo que antes fue motivo de discriminación, hoy se ha transformado en orgullo y reconocimiento, impulsado por la presencia de los pueblos originarios en uno de los espacios más visibles del poder político en México.

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