Lo que comenzó como una celebración terminó en detenciones y procesos de deportación. Un grupo de ciudadanos venezolanos que salió a las calles de Nueva York para festejar la captura de Nicolás Maduro fue arrestado por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), evidenciando que, para el gobierno estadounidense, no hay aliados cuando se trata de imponer su política migratoria.
De acuerdo con reportes, los venezolanos participaron en actos públicos en apoyo a la acción de Estados Unidos en Venezuela, pero tras las concentraciones fueron interceptados por autoridades migratorias que verificaron su estatus legal. Al no contar con documentos, fueron detenidos y clasificados como migrantes ilegales, por lo que enfrentarán procesos de deportación.
El hecho ha generado fuertes críticas, al exhibir que ni siquiera quienes celebran la intervención estadounidense y se alinean con sus intereses reciben protección o trato diferenciado. Para activistas y analistas, el mensaje es claro: Estados Unidos no respeta lealtades, causas ni discursos, solo hace valer su poder.
Organizaciones defensoras de migrantes advirtieron que el caso revela el doble discurso de Washington, que por un lado se presenta como defensor de la libertad y la democracia, y por otro criminaliza y expulsa a quienes, incluso, apoyan sus acciones en el extranjero.
El episodio deja al descubierto una constante histórica: quienes entregan su causa a una patria ajena terminan siendo desechables. En Estados Unidos, la ley migratoria se impone sin distinción, incluso contra quienes aplauden sus intervenciones y se colocan del lado del poder.




