En medio de la ola de protestas más intensa desde las movilizaciones de 2022-2023 tras la muerte de Mahsa Amini, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, instó a las fuerzas de seguridad a no reprimir a los manifestantes y a diferenciar entre la protesta social y los actos violentos.
De acuerdo con el vicepresidente Mohammad Jafar Ghaempanah, el mandatario ordenó que “no se tomen medidas de seguridad contra los manifestantes”, en un contexto marcado por once días consecutivos de movilizaciones derivadas del deterioro económico, el aumento de precios y el colapso de la moneda nacional.
Las declaraciones se producen luego de que fuerzas de seguridad dispersaran con gas lacrimógeno a manifestantes en el bazar de Teherán, uno de los principales focos de protesta en la capital. Imágenes difundidas en redes sociales muestran enfrentamientos y un fuerte despliegue policial.
Ghaempanah subrayó que el gobierno distingue entre quienes se manifiestan de forma pacífica y quienes calificó como “alborotadores”, señalando que estos últimos son aquellos que portan armas blancas o de fuego y atacan comisarías y sitios militares.
Las protestas reflejan un creciente malestar social frente a la situación económica y representan un nuevo desafío para las autoridades iraníes, que buscan contener la inconformidad sin escalar la represión.




