Ciudad de México a 9 enero, 2026, 9: 15 hora del centro.
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Alazraki vuelve a la mentira: asegura que Maduro «ya cantó» y dió nombres de políticos de Morena a las autoridades de EE.UU.

Carlos Alazraki lo volvió a hacer. Desde la comodidad de su micrófono y con la irresponsabilidad que lo caracteriza, aseguró que Nicolás Maduro “ya cantó” y que habría entregado nombres de políticos de Morena a las autoridades de Estados Unidos. Una afirmación grave, sin una sola prueba, sin fuente verificable y con un único objetivo: alimentar la narrativa del golpismo y la intervención extranjera que tanto aplauden el PAN y la derecha mexicana.

No es análisis, no es información y mucho menos es periodismo. Es propaganda burda. Alazraki no presenta documentos, no cita investigaciones, no menciona expedientes judiciales. Nada. Solo lanza la mentira al aire, como quien tira gasolina esperando que alguien más prenda el cerillo.

El guion es viejo y conocido. Cuando la derecha no puede ganar en las urnas, intenta ganar en los tribunales extranjeros. Cuando no puede convencer al pueblo, busca que Washington haga el trabajo sucio. Por eso no sorprende que Alazraki actúe como vocero oficioso de una fantasía intervencionista, donde Morena es criminalizada y Estados Unidos aparece como juez supremo de la política latinoamericana.

La pregunta es obligada: ¿a quién sirve esta “revelación”? No a la verdad, desde luego. Sirve al mismo bloque conservador que jamás aceptó perder el poder en 2018, que sueña con sanciones, bloqueos y golpes “blandos”, y que se frota las manos cada vez que un país soberano es puesto en la mira del Departamento de Estado.

Decir que un jefe de Estado extranjero “ya cantó” y delató a políticos mexicanos no solo es una mentira peligrosa: es una provocación. Busca normalizar la idea de que México debe ser investigado, juzgado o castigado desde fuera. Exactamente el discurso que el PAN ha repetido durante años, aunque luego se envuelva en la bandera para fingir patriotismo.

Alazraki no informa: milita. Milita contra un proyecto político que no le gusta y contra un país que decidió gobernarse sin tutelajes. Y lo hace con la ligereza de quien sabe que, aunque mienta, siempre habrá panistas dispuestos a aplaudir, replicar y amplificar cualquier bulo que huela a castigo contra Morena.

La diferencia es que hoy la mentira ya no pasa sola. Cada vez es más evidente quiénes están dispuestos a vender la soberanía con tal de volver al poder. Y Alazraki, una vez más, se apunta voluntariamente en esa lista.

Porque cuando no hay pruebas, lo único que queda es el odio. Y de eso, Alazraki y la derecha, van sobrados.

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