El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó una nueva ola de críticas internacionales al publicar en su red social Truth Social una imagen generada con inteligencia artificial (IA) en la que se muestra un mapa del continente americano donde Canadá, Groenlandia y Venezuela aparecen como territorios estadounidenses, extendidos bajo la bandera de EE.UU.
La imagen, que fue incluida en una fotografía de una reunión del mandatario con líderes europeos, no refleja una realidad geopolítica oficial, pero fue difundida por Trump como parte de su narrativa de política exterior. En el mapa, Canadá aparece como parte de Estados Unidos, Groenlandia es etiquetada como territorio estadounidense y Venezuela también está cubierta por la bandera de EE.UU., lo que provocó reacciones de rechazo y acusaciones de propaganda simbólica.
El gobierno venezolano calificó de “fake” la imagen, precisando que se trata de una creación digital sin base en hechos reales.
Este tipo de representaciones ha sido vinculado por analistas con la resurreción de una versión modernizada de doctrinas expansionistas como la Doctrina Donroe, una reinterpretación de la histórica Doctrina Monroe, que en el pasado se usó para justificar la influencia política y militar de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental.
El uso de mapas así —aunque generados por IA y sin valor oficial— recuerda prácticas de propaganda territorial que en otras épocas se vieron en regímenes expansionistas, donde representaciones cartográficas exageradas servían para promover ideas de dominio sobre regiones enteras. (Históricamente, mapas propagandísticos se han utilizado para justificar expansiones, como los esquemas de control de Alemania nazi que pretendían absorber poblaciones y territorios en Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial —estos mapas eran parte integral de su aparato de propaganda para legitimar conquistas territoriales y redefinir fronteras según sus intereses ideológicos.)
En el caso de Trump, la difusión de este mapa ha sido interpretada por críticos como un símbolo político más que una política formal, pero que alimenta la percepción de que Washington busca reafirmar, de manera simbólica o estratégica, un dominio extendido sobre el continente americano, lo que ha tensado aún más las relaciones con países vecinos y aliados.




