El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató otra polémica internacional luego de publicar en su plataforma Truth Social imágenes generadas con inteligencia artificial donde Canadá, Groenlandia y Venezuela aparecen como parte del territorio estadounidense, una acción que muchos analistas interpretan como un gesto provocador con ecos de expansionismo y una declaración simbólica de supremacía regional.
Las imágenes, que no incluyen advertencia alguna sobre su carácter ficticio, muestran mapas del continente americano teñidos con la bandera de Estados Unidos superpuesta sobre sus vecinos del norte y del sur, así como a Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. En una de las piezas, Trump incluso aparece plantando la bandera estadounidense en Groenlandia junto a su vicepresidente y al secretario de Estado, con un letrero que proclama: “Greenland — U.S. Territory Est. 2026”.
Este tipo de publicaciones —más propias de un juego de ajedrez geopolítico que de la diplomacia responsable— reflejan el feroz apetito expansionista de Trump, quien ha manifestado en diversas ocasiones su intención de incorporar territorios soberanos bajo el paraguas de la potencia estadounidense. Lejos de ser un simple “troleo” en redes sociales, estos símbolos evocan una reencarnación moderna de la Doctrina Monroe, reinterpretada para justificar la dominación del hemisferio occidental bajo el lema no oficial: “América para los norteamericanos” (es decir, para Washington, D.C.).
La Doctrina Monroe, formulada en el siglo XIX para impedir la intervención europea en América Latina, ha sido frecuentemente utilizada como coartada histórica para políticas imperialistas y de intervención. Hoy, bajo el mandato de Trump, parece reinventarse como un pretexto para intimidar a aliados e ingresar en una lógica de conquista simbólica que erosiona la soberanía de los países vecinos y tensiona la cooperación internacional.
La publicación de estos mapas no solo ha generado rechazo diplomático —como la reacción de Venezuela calificándolos de “fake” o falsos— sino que también pone en evidencia una visión de poder que ve a los países del continente como piezas a dominar en lugar de naciones soberanas con derechos iguales.
En un momento en que el mundo enfrenta complejos desafíos globales, desde crisis climáticas hasta conflictos armados, este tipo de gestos irresponsables ilustran que para Trump la diplomacia parece un terreno para la propaganda expansionista y la reafirmación de una hegemonía que nadie ha solicitado.




