Ciudad de México a 27 enero, 2026, 16: 55 hora del centro.
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Trump militariza el Super Bowl: ICE amenaza con redadas migratorias en el mayor evento deportivo de EE.UU.

La administración de Donald Trump vuelve a colocar la política del miedo en el centro del espectáculo. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) confirmó que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) tendrán una presencia “visible y activa” durante el Super Bowl LX, programado para el 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, encendiendo las alarmas entre comunidades migrantes y organizaciones de derechos civiles.

El Gobierno de Trump desplegará a agentes migratorios en el Super Bowl |  IUSPORT: EL OTRO LADO DEL DEPORTE

De acuerdo con funcionarios federales, la presencia de ICE dentro y fuera del estadio responde a una instrucción directa del presidente Trump, quien ha ordenado que la aplicación de las leyes migratorias no se detenga “ni en eventos masivos ni en espacios públicos”. Corey Lewandowski, asesor del DHS y figura cercana al mandatario, fue tajante: “No hay refugio para quienes estén en este país sin documentos. Ni siquiera en el Super Bowl”.

La advertencia ha sido leída como un mensaje político deliberado, que convierte un evento deportivo global en un escenario de intimidación y persecución, especialmente contra la población latina. Lejos de priorizar la seguridad pública, el despliegue de ICE refuerza la narrativa de criminalización de los migrantes, incluso en espacios familiares y de convivencia social.

El anuncio ocurre además en un contexto de creciente indignación nacional por el actuar de las agencias federales. Apenas el 24 de enero, Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos, murió tras recibir disparos de un agente de la Patrulla Fronteriza durante una protesta en Minneapolis. Aunque el DHS intentó justificar el homicidio calificándolo como “terrorista doméstico”, videos difundidos contradicen la versión oficial y muestran a Pretti grabando a los agentes y auxiliando a una mujer agredida antes de ser abatido.

Estos hechos detonaron protestas en distintas ciudades y dieron fuerza al movimiento “No a ICE en el Super Bowl”, una petición ciudadana que ya supera las 160 mil firmas para exigir a la NFL que prohíba el acceso de agentes migratorios al estadio. Hasta ahora, la liga ha guardado silencio, evitando pronunciarse sobre si permitirá que el evento deportivo más visto del año sea utilizado como herramienta de control migratorio.

La ofensiva de Trump también se ha extendido al terreno cultural. El presidente anunció que boicotearía el Super Bowl, tras criticar la elección de Bad Bunny para el espectáculo de medio tiempo y de Green Day para la ceremonia inaugural, acusándolos de “sembrar odio”. Paradójicamente, mientras ataca a artistas y comunidades migrantes, su gobierno normaliza la presencia de fuerzas federales armadas en espacios de entretenimiento masivo.

Convertir el Super Bowl en un operativo migratorio no es una estrategia de seguridad: es una demostración de poder, un mensaje de amenaza y una profundización del modelo autoritario que Trump impulsa desde la Casa Blanca. Para millones de personas, el juego ya no será solo fútbol, sino un recordatorio de que, bajo esta política, ningún espacio es neutral y ningún evento está a salvo del miedo.

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