Un grupo de personajes reciclados del viejo régimen reapareció bajo el nombre de Frente Amplio Democrático, una nueva etiqueta para el mismo objetivo de siempre: proteger sus privilegios y mantener intactos los espacios de poder que perdieron en las urnas.
El pretexto es una supuesta “reforma electoral autoritaria” que no existe, no ha sido presentada y ni siquiera está en discusión formal. Aun así, el manifiesto habla de “regresión”, “amenaza democrática” y “urgencia nacional”, confirmando que el miedo ya no es a una ley concreta, sino a que el país siga cambiando sin ellos.
Entre los firmantes aparecen Lorenzo Córdova, símbolo del INE más costoso e intocable; Margarita Zavala, heredera política del calderonismo; Denise Dresser, comentarista habitual del catastrofismo político; y Rosario Robles, emblema del pasado de corrupción que hoy dicen combatir. Una alineación que explica todo sin necesidad de leer el documento.
El manifiesto no propone soluciones, no defiende derechos sociales ni habla del bienestar de la mayoría. Su preocupación central es que ya no controlan las reglas, las instituciones ni el discurso público, y eso —para ellos— es lo que llaman “autoritarismo”.
Así, con consignas grandilocuentes y firmas conocidas, intentan revivir la vieja marea rosa, ahora rebautizada, para disfrazar de “defensa democrática” lo que en realidad es una operación de autoprotección de élites que no aceptan haber quedado fuera del poder.


